Léxico crítico de estudios de género y feminismos

“Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.” Alejandra Pizarnik Este léxico reúne conceptos que atañen a los estudios de género en un sentido amplio, es decir que...

2021-10-02 Idioma: es 126 términos
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Brujas

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Nota de alcance

Brujas de Ayer. Al comienzo de la Edad Moderna las brujas perseguidas, en principio misteriosas porque ignoramos quiénes fueron, sufren una serie de mecanismos represivos y disciplinadores. 
Gracias a reconstrucciones e interpretaciones, apenas podemos saber algunos datos sobre sus vidas: por ejemplo, que tenían entre 35 y 50 años, que estaban solas, viudas o abandonadas, a veces con hijxs, apenas podían pagar sus obligaciones tributarias a la aldea y a los señores a quienes servían y que -dado su conocimiento de las hierbas y prácticas medicinales ancestrales- ayudaban a parir a otras mujeres, asistían a lxs enfermxs y resolvían muchas afecciones de la vida cotidiana. 
Por algún motivo fueron objeto de ensañamiento de la sociedad patriarcal en transición del feudalismo al capitalismo, donde experimentaron los métodos más crueles de exterminio y encierro. De alguna manera, sobresalían. 
El “vuelo nocturno” “ el pacto demoníaco” “la intención asesina” fueron parte del delirio eclesiástico integrado, mayoritariamente, por varones que no paraban de torturarlas hasta escuchar lo que querían oír. Muchos trabajos dan cuenta de este terrible período de disciplinamiento. 
Todo lo que fue para los varones dejar de ser súbditos y llegar ser ciudadanos (y la consecuente ampliación del ejercicio de sus derechos) fue inverso para la situación de las mujeres: la institución del matrimonio, el convento y el prostíbulo fueron encierros claramente asignados para su vida. Para las que no consintieron estos destinos, el camino fue la hoguera y, posteriormente, los manicomios. 
Nosotras, las feministas, somos las herederas de todo lo que ellas defendieron y dieron testimonio tributando su propia existencia. 
Brujas de hoy. No quiero escribir sobre el pasado sino sobre nuestro presente y nuestro futuro. Esta definición, como parte de un diccionario feminista que se escribe en plena pandemia del coronavirus con más de 100 días de cuarentena, no es para los estudiosxs y eruditxs del tema, sino para trabajadorxs, desempleadxs, pueblos originarios, ecologistas, feministas.
Volvamos a encantar al mundo. Tenemos magia. Trabajemos entre el blanco y el negro, porque si hay fronteras hay contrabando, y reivindiquemos el” espejismo de intentar ser unx mismx, ”como cantaba Eduardo Aute (¡cómo lo extraño!) en una hermosa canción.
Como parte de la historia incompleta de las mujeres -cuya narración asemeja a un tejido lleno de agujeros, puntos perdidos que se olvidaron y que dieron paso a otros dibujos falsos que no nos representan a las mujeres ni a nuestra experiencia- quiero tomar lo perdido para encontrar las continuidades de una historia que siempre debe estar en crisis y ser revisada.
Hoy ¿quiénes son las brujas? ¿cómo resignificamos este concepto? porque todavía nos llaman brujas. Mi reflexión se dirige a concientizar las características de estos nuevos aquelarres que traspasan este mundo real y virtual expresando las magias de las rebeldes, desobedientes y mal educadas que atravesamos todos los días de nuestra existencia exigiendo justicia, igualdad, sororidad. En pocas palabras “feministas”, en pocas palabras “feminismos”.
A las antiguas brujas nos unen muchas características, no siempre felices, y no repetirlas es parte del desafío. Para lograrlo, es muy necesario visibilizarlas.
Primero, la independencia, ya que las viudas y las solteras son unos de los objetivos privilegiados de los disciplinamientos sociales de antes y de ahora. Segundo, el control de la propia fertilidad, porque no hay tolerancia para las mujeres que no tienen hijxs porque lo deciden y lo dicen. Y, por último, la edad, nuestra ancianidad, el horror que significa nuestra sabiduría que construimos en el tiempo -un saber muchas veces doloroso pero, también, sólido e insumiso- que transmitimos a las próximas generaciones en cuya acción existe el verdadero placer y esperanza de un mundo mejor.
Hoy, la persecución hacia nuestras causas es una nueva caza de brujas, es una política de dominación que debemos detectar y desarmar.
En nuestros espacios las luchas por la autonomía generaron individualidades atrapadas en su propia personalidad pero la fuerza de la experiencia nos llevó a trascender lo propio y a aunar nuestra fuerza junto a otras. De la soledad de los primeros años, después del año 2000, irrumpieron nuestras hijas con toda su vitalidad. Puede ser la marea o la marabunta pero ese número inmenso de voluntades ha tenido la libido de generar procesos de cambio casi revolucionarios: sin disparos, sin muertes y aceptando nuestra diversidad y diferencias.
No solo en nuestro país sino en toda América el miedo a los grupos de mujeres, que abandonaron su individualidad y se integraron a otras hasta ser legiones, fue en aumento y vale la pena mirarlos a través de los feminismos a lo largo de los últimos años. (v. FEMINISMOS, HISTORIA, OLEADAS Y CORRIENTES).
Y cuando pienso en brujas se me aparecen las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que fueron llamadas así o “locas” de la Plaza. Hicieron su círculo, lo caminaron y se impusieron a una de las dictaduras más feroces que tuvo la región y parieron el grito colectivo rompiendo con sus individualidades. Intentaron quemarlas muchas veces, pero se hicieron más fuertes. También me surgen nombre de mujeres originarias como Milagro Sala o Moira Millán, de origen humilde como Eva Duarte y tantas otras que alzaron su voz desafiando el poder capitalista patriarcal. 
En cada cuerpo de una disidente, lesbiana, travesti, trans, etc., existe una bruja que necesita saber de su genealogía. Cuando rechazamos el binarismo, el que fuere, mucho debemos a las diversidades de nuestro aprendizaje y generamos otra dimensión, casi sin querer. Esa dimensión es “brujeril“ porque, insistimos, rechaza de plano lo binario. “Lo personal es político” como nunca, no hay adentro ni afuera, hay un todo indivisible en donde habitan diversidades de toda índole y donde las esencias mutan, casi diría que no existen. 
La imagen de la bruja se construye como una huérfana aislada: no es madre, no es esposa, no es hermana. ¿Qué se teme de ella?: su (v.) AUTONOMÍA.
Esa autonomía e independencia están muy relacionadas para que surjan expresiones de deseos propios alejados del deber ser de las culturas heteropatriarcales y que dan lugar al deseo de no tener hijxs o, al menos, de decidir cuándo, cómo y con quién e, incluso, no desearlo; es decir, “desear no tener hijxs”.
Desde un punto de vista cultural, estos deseos generan un profundo rechazo. Parece que si tenés útero únicamente podés usarlo para reproducirte y nunca jamás pensar siquiera en no hacerlo. La cultura patriarcal prepara cánones relacionados con la salud que te van ubicando en el despropósito. Cuando discutíamos la ley de aborto, todas decían lo terrible que, como experiencia, es abortar. Una sola vez escuché a una intelectual argentina, Beatriz Sarlo, decir que para ella no fue una acción traumática. Y, también, alguna reflexión de Marta Dillon. Pero no leí ni escuché a nadie más expresar que decidir abortar no la desgarraba. Ni qué decir de todos los argumentos en torno a mostrar a esas mujeres como egoístas, inmaduras, narcisistas; en fin, todo opera para denostar a las rebeldes, para pensarlas como si no tuvieran sentimientos, verdaderas “hijas de Satán”. 
Simultáneamente, nuestra cultura, nuestro mundo binario, nos pide eterna juventud. Aquellas mujeres que desean y viven en paz con el paso del tiempo no se operan, no gastan fortunas en cremas ni en tratamientos estéticos que intentan contener lo ineludible, la única verdad que sabemos desde que nacemos: el paso del tiempo y sus huellas. Estas acciones son tan criticadas y demonizadas como las mujeres infértiles por opción.
¿Por qué se odia tanto la vejez y sus marcas en nuestros cuerpos? Expreso algo que no voy a desarrollar: los asesinos seriales atacan las mismas zonas que lxs cirujanxs plásticxs nos operan para parecer más jóvenes. En cada mutilación ¿qué permitimos que nos arranquen? 
Las viejas odiadas son las que siguen activas trabajando y no se someten ni dan exclusividad a los cuidados de los demás familiares. Burlan instituciones sagradas porque adquirieron un saber propio, consecuencia de su experiencia, que les da seguridad y mucho conocimiento. 
Por eso lxs cazadorxs de brujas se ensañan con las mujeres mayores: porque contestan, porque responden, porque saben, les gusta hacer el amor, conocen los secretos de los placeres propios y cómo hacerlos sentir. Rápidamente también fueron descalificadas en estos saberes. Las muestran lascivas. Es decir, ganas de hacer el amor tienen las más jóvenes y la sexualidad en las mujeres mayores es muy cuestionada “sus cuerpos descartados, la posibilidad y búsqueda de placer totalmente censurada“.
Brujas de siempre. Tengo presente mi derrotero político y cuando me acerqué al peronismo, movimiento al cual respeto y valoro por su mirada social e intención inclusiva. Siempre manifesté que yo era una feminista que trabajaba en el partido que me diera espacio para desarrollar nuestras luchas. Imaginen las reacciones, me di cuenta de que -al igual que las brujas que no tienen religión porque su trabajo más que nada es una práctica, no una teoría- yo era una feminista sin partido político. Cuánta libertad y cuánta fragilidad aunque convengamos que la fuerza espiritual y el empoderamiento político son cosas diferentes pero que, en esos límites, se nutre una nueva fortaleza: la de conciliar la tensión de lo que se repele.
Las nuevas brujas conviven y explotan símbolos y oraciones ancestrales junto con logos y consignas y las llevan muy bien. El “Ni una menos” y las campañas a favor y en contra del aborto funcionaron con estos lenguajes, creativos y brujeriles, intentando marcar un mensaje en las cabezas ciudadanas.
La autonomía, la independencia, no significan soledad o aislamiento sino todo lo contrario: son características que nos promueven alianzas para potenciarnos con aquellas personas que nos liberan y empoderan. La magia y el poder liberado en las plazas cada 8 de marzo y 3 de junio son muy benéficos para las mujeres y, por carácter transitivo, para la sociedad en general. 
Hoy las brujas bailan en muchos lugares sin ser incineradas. Sin embargo, todavía falta tomar conciencia de ese poder y de su impacto en nuestro ser y hacia el afuera. Sin prisa pero sin pausa vamos materializando en leyes y en políticas públicas la revolución que nadie soñó: que las mujeres seamos tan iguales como los varones y que aparezcan y se respeten otras percepciones de género más allá del binarismo patriarcal dominante.
La manada “brujeril“ argentina adoptó sus formas propias que son un conjunto de prácticas. Por ejemplo, el Encuentro Nacional de Mujeres, donde se cuecen saberes que fortalecen una experiencia espiritual, una mística, tanto como una experiencia corporal, estética y política. 
Las brujas ancestrales nos miran, sonríen, susurran y nos advierten, desde muy adentro, que la racionalidad no está en el lado que nosotras pensamos. Al mundo lo tenemos que dar vuelta porque está al revés. Se trata de otra conciencia, otros dioses, otra mística, otra práctica, otra política.
El secreto de esta nueva conciencia y de su surgimiento radica en que no es concebida para dominar al mundo sino para construir con él. Por eso trabajamos con consensos, porque sabemos que todo es útil y que no podemos perder más nada. Además, sabemos que cualquier cosa que transformemos también nos va a cambiar. Espero que nos encontremos en los próximos aquelarres. Porque, como bien decían las mujeres de los 60 y 70, “nosotras somos también el fuego”.

Nota bibliográfica

I. Stengers- P. Pignarre (2005): La brujaría capitalista, París, Edicion es La Decouverte.
M. Chollet (2018): Brujas. La potencia indómita de las mujeres, París, Ediciones La Decouverte.
S. Federici (2004): El Caliban y la Bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Nueva York, Autonomedia.

mención de responsabilidad

FERNANDA GIL LOZANO

02/10/2021

Fecha publicación

16/04/2026

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