“Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.” Alejandra Pizarnik Este léxico reúne conceptos que atañen a los estudios de género en un sentido amplio, es decir que... contempla los paradigmas teóricos feministas, queer, cuir y transfeministas. Sabemos que el lenguaje nos hace sujetos mientras produce mundos, desde el feminismo se han develado sus matices sexistas, pero también el lenguaje es el que nos ha dado las herramientas para pensar otros mundos posibles. Y allí, desde los feminismos contamos con un paradigma de pensamiento que tiene sus ideas, sus debates y sus polémicas. Las entradas contienen la heterogeneidad propia de un discurso que pendula entre lo académico y lo militante, además de que son entradas dinámicas, en constante actualización. Este léxico ha tomado como base el Nuevo diccionario de estudios de género y feminismos, coordinado por Susana Gamba y Tania Diz, en 2020 y editado por Biblos.
La participación de adolescentes y jóvenes en los procesos sociales y políticos ha tenido una fuertísima presencia en la historia argentina. Basta señalar que de lxs 30.000 detenidxs desaparecidxs víctimas del terrorismo de estado en la dictadura militar de 1976 a 1983, el 97% era menor de 35 años. Recuperada la democracia, el movimiento de juventudes políticas rodeó la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en pos de lograr Juicio y Castigo a los culpables de aquel genocidio. El mismo espíritu de lucha recorrió el sistema educativo propiciando el restablecimiento de los centros de estudiantes secundarios y terciarios que reunidos en la FES - Federación de Estudiantes Secundarixs - y en la FETER – Federación de Estudiantes Terciarios - librarían duras batallas en defensa de la escuela pública, en articulación con la CTERA y otros movimientos sindicales y políticos.
La década del 90 marcó un antes y un después en el movimiento político y social argentino. La profundización de las políticas neoliberales arrasó con lo que aún quedaba en pie de las políticas públicas estatales. La entrega de los partidos mayoritarios al poder económico concentrado profundizó el cuestionamiento social a los canales orgánicos de participación política. Dicho proceso corrió paralelo al empobrecimiento de vastos sectores de la población, la caída en el desempleo y la marginalidad de cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas. La crisis del 2001 y 2002 y las masivas movilizaciones reclamando el “Que se vayan todos” marcó también un proceso de participación popular alejado de las estructuras tradicionales de las militancias partidarias o sindicales, un nuevo activismo autónomo y referenciado en las bases de la sociedad.
En los años siguientes, la recuperación de la economía y los lineamientos de fuerte arraigo en la doctrina de los derechos humanos de los gobiernos kirchneristas entre 2003 y 2015 marcaron una nueva oleada de protagonismo juvenil convocada para ocupar espacios destacados en las listas electorales y en las representaciones políticas e institucionales. La ampliación de derechos plasmada en numerosas leyes y programas de gobierno tuvo un fuerte impacto. Las disidencias sexuales lograron espacios impensados de representación e interlocución política y legislativa. Se empieza a reconocer y a visibilizar la presencia activa de mujeres representantes de los pueblos originarios. Las agrupaciones en lucha contra la trata y la explotación sexual, las mujeres de los barrios populares y la nueva generación de delegadas sindicales fogueadas en las luchas contra el ajuste, todas ellas empiezan a poblar los Encuentros Nacionales de Mujeres y a generar una transformación cuanti y cualitativa en el movimiento de mujeres. A pesar de las duras condiciones de vida de la población, de la consolidación de pisos de pobreza e indigencia muy altos en plena democracia, se tiene conciencia de un avance importante en el paradigma de los derechos humanos y de las conquistas alcanzadas.
La presencia activa de periodistas feministas y la utilización de nuevas tecnologías visibiliza y amplia la agenda del movimiento. Cobra fuerte difusión la aguda problemática de la violencia hacia las mujeres y colectivos trans. Después de varias décadas de debates legislativos por la implementación de la CEDAW y la Convención de Belem do Para y sus protocolos, se logra la sanción de la ley 26485 de Prevención, sanción y erradicación de la violencia hacia las mujeres del año 2009. La vieja consigna “Lo personal es político” se había instalado con particular intensidad en la conciencia social y en la agenda política. Un interesante proceso de visibilización de la creciente lista de femicidios denunciados por periodistas feministas y las organizaciones de la sociedad civil como” La Casa del Encuentro”, pusieron en la agenda política con particular intensidad la temática de la violencia de género.
En junio del 2015 el crimen de Chiara, una adolescente embarazada asesinada por su pareja y enterrada en la casa de sus suegros, conmovió a la sociedad. Redes de periodistas y militantes feministas lanzan el grito de “Ni Una Menos” el cual contactó con el repudio de amplias capas de la población. Las movilizaciones de junio y noviembre de 2015, tuvieron un perfil claramente movimientista y de confluencia de nuevos grupos sociales y políticos. Los feminismos en todas sus variantes, las estudiantes secundarias y terciarias, las activistas y militantes de los sindicatos y agrupaciones políticas de izquierda y del peronismo entre otras agrupaciones políticas, marcaron un nuevo momento de debate social en la calle, interpelando a las instituciones.
El movimiento Ni Una Menos confluye con la Campaña por el Derecho al aborto legal y otros múltiples colectivos sindicales, sociales y políticos. En las Asambleas Feministas convocadas para organizar las movilizaciones, se reinstala y masifica el reclamo por aborto legal, tanto en los Paros Internacionales de Mujeres y Disidencias Sexuales como en las sucesivas fechas de la agenda feminista, ahora masiva y multitudinaria.
En este proceso se destacó centralmente un amplio activismo juvenil, al que podemos definir como “un movimiento que basado en las demandas y pliego reivindicativo del movimiento mujeres y del feminismo histórico, con el cual enlaza y enraíza, desarrolla nuevas prácticas de participación, con la apropiación de herramientas digitales, sostiene la articulación en redes, propicia las discusiones plenarias, las asambleas multitudinarias y la incorporación de distintas expresiones artísticas como formas no convencionales de lucha y de expresión”. El activismo juvenil se compone de nuevos grupos de adolescentes y jóvenes de distintos sectores sociales y territoriales: las estudiantes secundarias y terciarias, pero también las delegadas gremiales al frente de las columnas de trabajadoras, las jóvenes de los barrios, villas y asentamientos de los conglomerados urbanos. Todas ellas transforman profundamente la dinámica de las lides feministas en Argentina y enlazan sus reclamos con los grupos militantes de la región y a nivel internacional. Al decir de M. Larrondo y C. Ponce: “Se trata de sujetas políticas que están llevando adelante transformaciones enormes que cambiarán el mapa de las políticas, los derechos, la construcción de subjetividades y las formas de vincularnos unas con otrxs en las próximas décadas.”
En efecto, el movimiento feminista se radicaliza, se hace más internacionalista, quizás recuperando los orígenes socialistas y anarquistas, enriquecidos por las agrupaciones populares peronistas, radicales, e incluso con algunos elementos de centro liberal que apuntalan y resultan bienvenidos en la discusión en el Parlamento por la ley de aborto legal.
En este proceso de constante movilización, el desfile incesante de adolescentes y jóvenes con múltiples identidades, con los colores brillantes de la purpurina verde y violeta, las guirnaldas de flores, las pancartas estallando de consignas de invención extrema, todo ello constituyó un panorama inédito de profundo impacto en la vida política y cultural argentina. El activismo juvenil generó por primera vez la percepción de estar en presencia de una profunda transformación cultural y social: el inicio del fin del patriarcado. Como señala Nancy Fraser, el feminismo se multiplica en “los feminismos” y debate las reivindicaciones del 99% de la sociedad, expresando con ello el reclamo de múltiples demandas sociales y sectoriales.
El activismo juvenil emergió con fuerza en los colegios secundarios de la Ciudad de Buenos Aires. A lo largo de los años 2017 y 2018 incorporaron al pliego reivindicativo de defensa de la escuela pública y la no intromisión de las fuerzas de seguridad en los establecimientos, el de la enseñanza de la educación sexual integral y la elaboración de un protocolo de intervención frente a situaciones de violencia de género en el interior de la comunidad educativa. En esta temática es preciso reconocer las luchas del Centro de Estudiantes del Colegio Carlos Pellegrini, impulsor del primer protocolo de violencia de género en el nivel secundario de la enseñanza. Frente a diversas denuncias de abuso y maltrato por parte de docentes hacia las alumnas, y una respuesta rayana en la indiferencia de las autoridades universitarias, la toma del Colegio durante largos y extenuantes períodos generó un debate impresionante en la comunidad. Las representantes estudiantiles lograron la separación de los docentes cuestionados, no sin sufrir costos personales e injurias de periodistas emblemáticos del poder conservador. Una de las voceras del Centro de Estudiantes de aquel entonces, Ofelia Fernández, hoy convertida en la legisladora de la Ciudad de Buenos Aires más joven con sus 19 años, enfrenta todavía hoy fuertes grados de violencia política del poder patriarcal representado por periodistas misóginos y machistas.
En este reconocimiento a las jóvenes que impulsaron la ampliación del activismo feminista, en todas sus dimensiones, cabe destacar a quienes dinamizaron con su fuertísima participación la Campaña por el Derecho al Aborto legal seguro y gratuito. Dirigida por históricas compañeras como Marta Rosenberg, Elsa Shwartzman, Nelly Mynyersky, Nina Brugo, solamente por citar a las más cercanas, una nueva generación de jóvenes enlazó las grandes movilizaciones, las carpas de debates feministas y las redes digitales y reales con profundo sentido colectivo y solidario. Dos de ellas Celeste McDougal y Agustina Vidales Agüero, pueden ser identificadas como representantes de ese activismo juvenil feminista que supo articular con Ni Una Menos, las CTA. las agrupaciones políticas y sociales y las redes de periodistas feministas, la gran marea verde Activismos f
violenta que, después de siglos de luchas históricas, hizo temblar la tierra.
Secretaria de Derechos Humanos de la Nación, Registro unificado de víctimas del terrorismo de estado, anexo IV. https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/5._anexo_iv_cuadros_estad_sticos-investigacion_ruvte-ilid.pdf
M. Larrondo y C. Ponce, (2019), Activismos feministas en América Latina, Emergencias, actrices y luchas, Buenos Aires. Ed. CLACSO.
Arruza C., Fraser N. y Battacharya T. (2019), “ Manifiesto Feminista”, New Left Review nro 114, Bs. As.,Traficantes de Sueños.
Peker L. (2018), La revolución de las hijas, Buenos Aires, Sudestada.
MARIA ELENA NADDEO
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