Léxico crítico de estudios de género y feminismos

“Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.” Alejandra Pizarnik Este léxico reúne conceptos que atañen a los estudios de género en un sentido amplio, es decir que...

2021-10-02 Idioma: es 126 términos
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Etnicidad

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Nota de alcance

De acuerdo con la antropóloga Karoline Noack, el término etnicidad denomina el fenómeno de la adscripción, tanto propia como ajena, del cual son partícipes grupos de personas a partir de características socioculturales compartidas. Junto con otras categorías de identidad, como el género o la raza, la etnicidad es uno de los criterios de diferenciación sociocultural, en cuyas intersecciones el sujeto es constituido. Al emplear el término de etnicidad, Noack (2011) enfatiza que este no es una categoría fija, preestablecida e impermeable, sino que debe ser entendido siempre como el resultado de procesos regionales, culturales e históricos específicos. Es decir, nunca deber ser entendida de manera aislada, sino siempre en el contexto de su interseccionalidad con otras categorías. 
Sin embargo, en su origen el concepto de etnicidad, en el sentido de identidad cultural, fue adoptado para sustituir el término raza precisamente para subrayar el carácter ideológico-político de las doctrinas y discriminaciones racistas, popularizadas en el período entre las dos guerras mundiales. Lo étnico se difundió sobre todo en la posguerra, cuando muchos teóricos rechazaron el término raza (vinculado con el nazismo). De ese modo, se enfatizaba en las comunidades humanas como fenómenos históricos y culturales y no en grupos con supuestos rasgos morales e intelectuales basados en el origen “racial”. 
Según plantea Verena Stolcke (2000), la sustitución del término “raza” por “etnicidad” fue ampliamente debatido y tuvo dos consecuencias: por un lado, minimizó el fenómeno del racismo al justificar discriminaciones explicándolas por supuestas deficiencias morales e intelectuales raciales y hereditarias; y por otro, la “raza”, al pertenecer al reino de la naturaleza, en contraste con la “etnicidad”, entendida como fenómeno cultural, fue reificada como hecho discreto. De algún modo, la controversia entre “etnicidad” y “raza” resulta análoga a la que se produce entre “sexo” y “género”, en relación con suponer una base natural sobre la que se construye una identidad cultural y social diferenciada. Maryon Mc Donald (1989) llama la atención sobre este punto al afirmar que en el mismo momento en que se dejó de hablar de “raza” para hablar de “etnicidad”, se sustituyó también las interpretaciones biologistas y esencialistas de las diferencias de sexo por un enfoque de género. Para ella, resultaría imposible descubrir una identidad étnica esencial como saber de qué manera son en realidad los “hombres” y las “mujeres”. 
No obstante, el término “etnicidad” carece de una definición clara y definitiva. El territorio, la historia, la lengua y la cultura compartida dan cuenta de la pertenencia a un grupo étnico específico, pero no pueden utilizarse como términos definitorios, ya que, como explica Roger Just (1989), la identidad étnica conserva una existencia independiente. Es por eso, agrega, que muchos académicxs han recurrido a la noción de raza como sustituto biológico y/ o anterior a la etnicidad. Y de este modo el concepto de etnicidad tiende a ser “naturalizado”. 
La activista y teórica feminista Ochy Curiel brinda una mirada diferente sobre esta dicotomía entre naturaleza/cultura, pues sostiene que la sustitución de raza por etnia conlleva una trampa ideológica y política: la minimización del fenómeno del racismo. La antropóloga caribeña entiende que el uso de la noción de etnicidad invisibiliza las discriminaciones y exclusiones que se atribuyen a supuestas deficiencias físicas, morales e intelectuales que se consideran en términos raciales y hereditarias. Desde esta óptica, la separación entre raza-biología / etnia-cultura niega que las comunidades y grupos étnicos son también construcciones sociales, y se cae en un relativismo cultural que considera que las etnias son entidades específicas y autónomas que habilitan la creación de estereotipos, la tendencia al comunitarismo, al integrismo, promoviendo y profundizando el racismo. Es que, para Curiel, la idea de raza surge con el racismo como ideología y fenómeno social moderno.
Esta también es la premisa que desarrolla Michel Foucault (1996, 2006) en sus cursos de los años setenta. El filósofo francés identifica el nacimiento del racismo como discurso histórico-político en el siglo XIX con la apropiación estatal del discurso de “guerra de razas”, a través de los sintagmas “pureza racial”, “pureza de sangre”, etc. Lo que identifica Foucault es que el “discurso de guerra de razas” a fines del siglo XVI y comienzos del XVII, se presenta como un discurso “revolucionario”, ya que cuestiona el discurso de los estados, de las monarquías, del poder soberano; y por esto, la raza no está atravesada por una noción “racista”, es decir, no está ligada a un significado biológico estable. El racismo, para Foucault, surge como un fenómeno “intra-europeo” de la biopolítica del estado que emerge a fines del siglo XIX, cuando se invierte ese discurso de la guerra de razas, o se lo retoma en términos sociobiológicos, con fines de conservadurismo social y dominación colonial. Desde ese momento, ya no se dice “debemos defendernos contra la sociedad”, sino que el “nuevo” discurso racista afirma “debemos defender a la sociedad” contra los peligros biológicos de esa subraza interna. Se trata de la emergencia de un racismo de estado; de un racismo que una sociedad ejercerá contra sí misma, contra sus propios elementos, contra sus propios productos; de un racismo interno -el de la purificación permanente- que será una de las dimensiones fundamentales de la normalización social. 
Desde esta línea de investigación que coloca a la categoría raza como un correlato del proceso de bio-racionalización del gobierno y la difusión de tecnologías de poder para la administración de la población, ciertas reflexiones feministas revisaron críticamente el concepto mujer y acercaron el sexismo al racismo como formas interrelacionadas de diferencia y desigualdad social. Así, pusieron en evidencia que al igual que el sexismo, el racismo acude a la naturaleza para justificar y reproducir relaciones de poder, ancla un determinado significado en los cuerpos y constituye una representación efectiva en la acción social, política y cultural (Kilani, 2000; Rivera, 2000). El individuo singular -esta mujer, este inmigrante-, señala AnnaMaria Rivera, al presentarse encarna la esencia del grupo del cual hace parte. Como sugiere Stolcke, en la sociedad occidental moderna, las diferencias de sexo y las diferencias de raza son construidas ideológicamente como “hechos biológicos” significativos en la sociedad, naturalizando y reproduciendo las desigualdades de clase. Y esto, a su vez, permite que las desigualdades sociales y de género se construyan y legitimen a partir de esos supuestos “hechos biológicos” de las diferencias de raza y sexo.
En este sentido, el feminismo negro de los Estados Unidos cuestionó fuertemente el feminismo urbano de la clase media blanca heterosexual al preguntarse si podía representar a mujeres de otras clases sociales y de otros grupos étnicos u orientaciones sexuales diferentes. Lo que la crítica de algunas feministas afrodescendientes, como bell hooks, Ángela Davis Kimberlé Williams Crenshaw y Patricia Hill Collins, ponía en evidencia era que las relaciones de género también estaban influenciadas por otros factores que incidían de manera decisiva en las experiencias. De este modo, se luchaba contra la esencialización del concepto mujer, dado que ese concepto conducía a una asociación con las mujeres blancas, mientras que las mujeres negras terminaban asociadas a su grupo de población negra, que tenía a los hombres como norma. A través de esta discusión, lo que se ponía en evidencia era que existía una estructura de poder en la categoría “mujeres”.
Este debate se replicó tanto con la aparición de las mujeres del tercer mundo dentro del feminismo, como también en la teoría decolonial. En América Latina, las desigualdades sociales tienen una dimensión racial y étnica que se ha constituido desde la colonia. Tal como plantea Mara Viveros Vigoya (2008), mientras el orden racial produce unas formas de clasificación social arbitrarias de las apariencias físicas, la etnicidad genera diferencias que conllevan marcas culturales también construidas socialmente. En este esquema, las ciencias sociales latinoamericanas se preocuparon por estas articulaciones y releyeron las historias nacionales fundacionales, en consonancia con la llamada “colonialidad del poder”. Este concepto sostiene la existencia de un patrón mundial de dominación dentro del modelo capitalista, que se funda en una clasificación racial y étnica de la población del planeta que opera en distintos ámbitos en la historia de las Américas y el Caribe (Quijano 1999, Mignolo 2000). Sin embargo, la relación de la raza con el sexo/género y la sexualidad han sido poco atendidas.
El (v.) FEMINISMO DECOLONIAL, en este sentido, reinterpreta la historia en clave crítica a la modernidad, ya no solo por su androcentrismo y misoginia, sino desde su carácter intrínsecamente racista y eurocéntrico. Este tipo de trabajos permite concluir en primer lugar que detrás del mestizaje se oculta siempre un dominio racial fundado en un control de la sexualidad construida en un marco de relaciones de género asimétricas y, en segundo lugar, que la experiencia del privilegio racial y del racismo varía según el género. Es que, si bien las mujeres como género han sido subordinadas de distintos modos frente al patriarcado, las blancas y mestizas han tenido privilegios en los contextos de colonización y esclavitud. Precisamente esos privilegios permiten evidenciar que ellas han vivido el patriarcado de una forma diferente que las mujeres indígenas y afrodescendientes. En América Latina, en gran medida, las mujeres blancas han tenido con las indígenas y afrodescendientes una relación de poder, por lo que es necesario evidenciar esas asimetrías y no ocultarlas detrás de una bandera única de liberación. 
Rita Segato se posiciona como una de las voces teóricas más importante en la reflexión latinoamericana sobre las relaciones entre raza, racismo y género. Para la antropóloga, la raza y el género tienen estructuras semejantes ya que son construcciones históricas ideadas para la dominación. Segato recupera a Aníbal Quijano y su conceptualización del racismo como fenómeno social diferente de la xenofobia y el etnicismo. Según el sociólogo peruano, la raza resulta de la biologización de la desigualdad en el ambiente de la colonialidad/ modernidad. Segato lleva más lejos la proposición de Quijano y entiende que el género, como distribución de posiciones desiguales en el orden patriarcal, también resulta de la biologización de la jerarquía. Género y raza-colonial-moderno y ciencia cartesiana se combinan para producir lo que entiende como una “metafísica de las posiciones” en términos de una ‘biología’ de género y de raza. Según Segato, los productos y saberes que emanan de los cuerpos racializados y de los cuerpos feminizados poseen un valor no reconocido o no remunerado que los hace apropiables. Y este es, para ella, el efecto de la raza y del género que debe ser nombrado, ya que un feminismo que no habla del racismo es, según sus palabras, un feminismo blanco, institucional, “acomodado”, eurocéntrico y no situado.
Siguiendo a Paul Preciado (2004), podemos afirmar que no se trata de tener en cuenta la especificidad racial o étnica de la opresión como una variable más, junto a la opresión sexual o de género, sino que es necesario analizar la constitución mutua del género y la raza, es decir, la sexualización de la raza y la racialización del sexo, como dos movimientos constitutivos de la modernidad sexocolonial. Preciado recupera los conceptos de “sobrecruzamiento de opresiones” de bell hooks, “interseccionalidad política” de Kimberly Crenshaw y “política relacional” de Avtar Brah para dar cuenta de la necesidad de no compartimentar las opresiones. Por el contrario, se hace urgente formular estrategias para desafiarlas conjuntamente y situar toda práctica corporal (moderna o tradicional, autóctona o colonial) en un entramado de flujos de intercambio y significación, de apropiación y resistencia dentro de la economía capital-sexo-raza global.

Nota bibliográfica

Curiel, O. (s/f). “Género, raza, sexualidad. Debates contemporáneos”, en línea: https://www.urosario.edu.co/Subsitio/Catedra-de-Estudios-Afrocolombianos/Documentos/13-Ochy-Curiel---Genero-raza-y-sexualidad-Debates-.pdf
Foucault, Michel (2006) Defender la Sociedad. Curso en el Collège de France (1975-1976). México: Fondo de Cultura Económica.
Just, R. (1989). “Triumph of ethnos”. En: E. Tonkin, M. McDonald y M. Clapman (Eds.), History and Ethnicity. Londres: Routledge.
Kilani, M. (2000). “Stéréotype (culturel, racial, sexiste)”. En: René Gallissot, Mondher Kilani y AnnaMaria Rivera, L’imbroglio ethnique. En quatorze mots clés, Lausanne, Editions Payot, pp. 249-283.
McDonald, M. (1989). We Are Not French! Language, Culture and ldentity in Brittany. Londres: Routledge.
Noack, K. (2011). “La construcción de diferencia en la zona de contacto: interrogantes al respecto de la etnicidad”. En: Albiez S. , N. Castro, L. Jüssen y E. Youkhana (Eds.). Etnicidad, ciudadanía y pertenencia: prácticas, teoría y dimensiones espaciales. Madrid, Frankfurt a.M.: Iberoamericana y Vervuert, 35-63.
Preciado, P. (2007). “Entrevista com Beatriz Preciado”, cadernos pagu (28), janiero-junho, pp. 375-405.
Rivera, A.. (2000). “Culture”. En: R. Gallissot, M. Kilani y A. Rivera, L’imbroglio ethnique. En quatorze mots clés, Anthropologie. Francia: Editions Payot Lausanne, pp 63-80.
Segato, R. (2018). La crítica de la colonialidad. Buenos Aires: Prometeo.
Stolcke, V. (2000) “¿Es el sexo para el género lo que la raza para la etnicidad... y la naturaleza para la sociedad?” En Política y Cultura, 14, pp. 25-60.
Viveros Vigoya, M. (2008). “La sexualización de la raza y la racialización de la sexualidad en el contexto latinoamericano actual”, en Careaga, Gloria. Memorias del 1er. Encuentro Latinoamericano y del Caribe. La sexualidad frente ala sociedad. México. En línea: http://www.ilef.com.mx/memorias%20sexualidad.%20lilia%20monroy.pdf

mención de responsabilidad

LAURA CABEZAS - LUCILA CARZOGLIO

02/10/2021

Fecha publicación

19/05/2026

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