“Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.” Alejandra Pizarnik Este léxico reúne conceptos que atañen a los estudios de género en un sentido amplio, es decir que... contempla los paradigmas teóricos feministas, queer, cuir y transfeministas. Sabemos que el lenguaje nos hace sujetos mientras produce mundos, desde el feminismo se han develado sus matices sexistas, pero también el lenguaje es el que nos ha dado las herramientas para pensar otros mundos posibles. Y allí, desde los feminismos contamos con un paradigma de pensamiento que tiene sus ideas, sus debates y sus polémicas. Las entradas contienen la heterogeneidad propia de un discurso que pendula entre lo académico y lo militante, además de que son entradas dinámicas, en constante actualización. Este léxico ha tomado como base el Nuevo diccionario de estudios de género y feminismos, coordinado por Susana Gamba y Tania Diz, en 2020 y editado por Biblos.
Las prácticas y producciones posporno o pospornográficas son manifestaciones culturales producidas desde los activismos de la disidencia sexual, queer o transfeminismos (valiendo cada nominación a las expresiones y alianzas específicas que se dan en cada territorio) que impactan tanto en las visualidades pornográficas como en los modos de hacer, distribuir y compartir saberes en torno a lo sexual con otrxs. La propuesta del posporno invita a reformular las representaciones hegemónicas de la sexualidad, apropiarse del discurso pornográfico y desafiar las fronteras de lo público/privado, en una profunda interconexión entre lo personal y lo político, la vida y el arte, la teoría y la praxis (Preciado, 2008; Post Op, 2013; Egaña, 2017). Más allá de las fronteras móviles de lo que se define como posporno y de la revisión histórica que permanentemente se hace de ella, dos rasgos son específicos de estas producciones y prácticas: el primero es la puesta en escena del cuerpo como lugar de resistencia, crítica y creación de nuevos placeres; el segundo es su expresión necesariamente situada.
Nacido en el seno de los activismos transfeministas, el posporno emerge como un nuevo cruce entre feminismo y pornografía que tiene un primer impulso en el territorio español pero que, en sus desplazamientos geopolíticos hacia América Latina, encontrará eco en otros contextos socio-culturales y activistas del sur. Hacia comienzos de los 2000 y en el marco de los activismos transfeministas en España se gesta aquello que nombramos como posporno. En este contexto, el posporno emerge como una práctica artística con vocación política que no solo explota y explora las disciplinas artísticas, la autoría, la difusión y distribución, sino que habilita la producción de nuevas imágenes sexuales que den visibilidad a los deseos y vivencias disidentes (Sentamans, 2013). Desde estas primeras experiencias, la apuesta activista del posporno será su marca distintiva: son lxs propixs sujetos queer/disidentes quienes encaran una producción porno – audiovisual o performática- que lxs represente en sus corporalidades, experiencias y deseos o que les permita polemizar públicamente sobre la sexualidad desde una perspectiva sexo-disidente. Entre lxs referentes del posporno español podemos nombrar a Post Op, Girls who like porno, Diana Pornoterrorista, Go Fist Fundation, Quimera Rosa, entre otrxs.
Poco tiempo después, las prácticas y producciones pospornográficas comenzaron a expandirse en América Latina. Tanto en Colombia, México, Chile, Perú, Brasil – y más tardíamente en Ecuador y Uruguay- se produjeron experiencias artístico-activistas que adoptaron el término posporno y le dieron un nuevo empuje desde el sur. En ese sentido, la aparición de la noción de posporno en América Latina permitió darle cierta identidad -siempre en tensión- a ciertas prácticas y producciones fuera del circuito del arte interesadas en producir nuevas representaciones de la sexualidad no heteronormativas. Más también la recepción latinoamericana del posporno permitió tensionar las representaciones, modos de hacer, articulaciones y discusiones que estas prácticas y producciones arrastraban del contexto español. Lo pospornográfico en América Latina ha desplegado una batería de discursos, prácticas y obras que exceden la producción artística, académica o meramente activista; generando un entrecruzamiento fructífero entre los diferentes campos de acción para activar un posporno sud-acá pensado, producido y consumido en nuestros territorios latinoamericanos (Milano, 2014). En esta línea, se ubican algunas de las interrogaciones en torno a un posporno situado que pueda ser un proyecto artístico-político descolonizador (Díaz Fuentes, 2017), que actúe como una estrategia de interferencia visual producida desde una perspectiva decolonial (Valencia, 2014), que pueda dar cuenta de las estrategias de exceso en las visualidades queer latinoamericanas (Sarmet, 2014) o que sea una política de la alteración para cuestionar la violencia ejercida contra las mujeres en la sociedad patriarcal contemporánea (Castillo, 2015). Entre algunxs referentes posporno latinoamericanxs es clave nombrar a Nadia Granados / La Fulminante (Colombia), Felipe Rivas San Martín (Chile), Eli Neira (Chile), Missogina (Chile), Felipe Leche de Virgen Trimegisto (México), La Bala Rodríguez (México), Colectivo Coiote (Brasil) y Frau Diamanda (Perú).
En Argentina, la emergencia del posporno trajo consigo algo de estas derivas españolas y latinoamericanas pero desplegó sus propias especificidades. El contexto que actuó de fondo a este despliegue es el de un momento socio-político y cultural de ampliación de derechos civiles para las diversidades sexo-genéricas y visibilización de sus elecciones identitarias. Desde 2011 en las ciudades de Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Mendoza y Neuquén se produjeron eventos culturales autogestivos dedicados al posporno. Se generó una producción muy activa de performance, videos e intervenciones en el espacio público en las que visibilizar ciertas cuestiones vinculadas a la libre expresión de los géneros y la experimentación sexual por fuera de la heterosexualidad. Proliferaron propuestas pedagógicas, como los talleres y conversatorios, donde el objetivo era compartir saberes y experiencias. Llegó también a las universidades a través de diferentes actividades que demostraban el interés académico por estas prácticas y producciones culturales. Fue noticia en los diarios, la televisión y las redes sociales. Asimismo mantuvo tráficos, intercambios y contagios con otras escenas culturales similares de América Latina, al tiempo de estar en plena interlocución con la producción de España, que fue pionera en este tipo de prácticas y producciones culturales queer/disidentes. En pocos años, el posporno logró instalarse como una de las manifestaciones culturales contemporáneas de los activismos queer/disidentes locales; cuyas modulaciones a lo largo de los años y dislocaciones en las diferentes ciudades del país nos hablan de derivas pospornográficas diferenciadas. Entre lxs referentes nacionales, no podemos dejar de nombrar a lxs colectivos y artistas Cuerpo Puerco (La Plata), Pastelitos Punk (Neuquén), Milo Brown y Lola Giancarelli (CABA), Pichón Reyna (San Juan/ Córdoba) y Asentamiento Fernseh (Córdoba); y los festivales Porno PorSi (CABA), Muestra de Arte Pospornográfico (CABA, La Plata, Rosario y Resistencia), Del porno venimos y al porno vamos (Mendoza), Domingas Prrnn (CABA), El Deleite de los Cuerpos (Córdoba), entre otros eventos culturales donde estas prácticas y producciones fueron protagonistas.
Aquello que se nombra como posporno no busca censurar y prohibir la pornografía, sino generar otro repertorio de imágenes y narrativas que puedan producir goce erótico desde las corporalidades, identidades y experiencias sexuales fuera de la norma heterosexual y la lógica binaria; al tiempo que se intenta polemizar sobre la sexualidad como gesto activista queer/disidente. Tal como afirma Smiraglia, en el posporno “en vez de renunciar a la posibilidad de la representación de la sexualidad, toman el dispositivo pornográfico por asalto y desafían la imagen que de nuestra sexualidad ha construido a través de los años la industria pornográfica” (2016:320). A partir de esta apropiación, lxs activistas y artistas habilitan representaciones novedosas de la sexualidad que puedan hablar de agenciamientos eróticos-afectivos fuera de la heteronormatividad, de corporalidades diversas, de prótesis y ortopedias caseras, de dildos móviles, de goces periféricos que exceden y expanden el sexo más allá de la genitalidad. Para ello, se sirven de los lenguajes del video-arte, la fotografía y la performance para realizar este doble gesto de denunciar y visibilizar la propia sexualidad; una huella que se imprime con particular ahínco en las producciones latinoamericanas. La valoración que se hace de los cuerpos drag, intersex, trans (especialmente, en lo que respecta a las transmasculinidades), gordxs, con diversidad funcional, cyborgs y de prácticas como el BDSM, la ecosexualidad, el uso de ortopedias sexuales, el fist-fucking, el cybersexo y/o la eyaculación de vulvas parece ser la clave para leer las torsiones de lo pospornográfico en lo que hace a la representación de la sexualidad.
Por otra parte, dentro de lo nombrado como posporno es importante la generación de escenas culturales específicas entendiendo éstas como circuitos en donde circulan prácticas y productos culturales de determinadas características, se producen modalidades de trabajo concretas y se genera un sentimiento de pertenencia entre los sujetos que participan. En ese sentido, lo que aquí se define como posporno no remite únicamente a ciertas representaciones de la sexualidad creadas desde el activismo queer/disidente, sino a los procesos y modos de hacer que lxs productorxs realizan para dinamizar escenas culturales propias y específicas. Partimos de considerar a las prácticas posporno bajo el concepto de Do It Yourself / DIY (o Hazlo tú mismo, en español) y Do It With Others / DIWO (o Hazlo con otrxs) en donde prima la experimentación, la producción autogestiva y colectiva donde se promueve la circulación entre pares, lejos de los circuitos comerciales de la industria porno (Smiraglia, 2016). Este concepto remite a las metodologías de producción autogestivas de la cultura punk en donde se busca que los sujetos puedan crear contenidos alternativos y generar otros canales de circulación alternativos de bienes culturales al margen de las industrias ya insertas en el sistema capitalista. Pero también este concepto nos permite pensar en cómo ciertos sujetxs intervienen en la arena cultural desde la autogestión para crear eso que no existe. En el posporno, el ´házlo tú mismx´ se refiere no solo a la posibilidad de generar nuevas formas de mostrar la sexualidad desde una perspectiva disidente que pueda dejar su huella y producir representaciones con las que realmente pueda identificarse, sino también hacerlo de forma autogestiva y anticapitalista abonando a prácticas de producción, circulación y consumo alternativas, de redes, entre pares.
En Argentina como en otras latitudes, se fue consolidando y fortaleciendo una red artístico-activista en torno al posporno que albergó ideas comunes respecto a la disidencia sexual y las posibilidades del porno para visibilizarla; pero cuyo ensamble principal fueron los afectos construidos al interior de esta red que actuó como grupo de pertenencia, experimentación, contención y resistencia colectiva. Un activismo posporno que enredó las formas de la amistad, la producción cultural, la experimentación sexualidad y los modos de hacer colectivos desde la autogestión; donde lo afectivo fue la costura que contuvo las iniciativas, rupturas y complicidades. Esta observación nos permite rescatar el trazado afectivo que subyace a cada escena posporno: son los cuerpos allí presentes entregados a la experiencia colectiva de creación, al placer como política de resistencia frente a un orden sexual opresivo, a la invención de espacios de seguridad, confianza y complicidad en dónde construir nuevos sentidos y experiencias en torno a lo sexual.
Quisiera hacer una aclaración final antes de cerrar esta entrada que, lejos de querer presentar una definición cerrada, busca desplegar aristas desde las que pensar las producciones y prácticas posporno. Me refiero, concretamente, a esa letra T que aparece sostenida entre paréntesis en el título pero que después se deja caer a lo largo del texto. Decido nombrar al posporno sin la letra T como una forma lingüística de expresar su localización y expresividad en el territorio latinoamericano; como una invitación a observar más de cerca ese suelo en donde cae. En ese sentido, escribir el posporno sin T no quiere olvidar que la palabra tiene su origen en Estados Unidos; ni que remite a una importación de un movimiento español que – a su vez- importó una palabra anglosajona; ni que su genealogía es una entre otras posibles; ni que la asunción de lo pospornográfico en nuestros contextos puede significar una imposición colonial. No se olvida todo eso, ni se pasa por alto. Dejar caer la T también es una invitación a hablar de todo aquello que sí se nombra sin ella, que sí se produce bajo el término posporno dentro de nuestras tramas culturales, que sí hace a la circulación sur-sur de estas manifestaciones culturales queer/disidentes y -por último- que sí permite ahondar en los escasos pero prósperos esfuerzos intelectuales para pensar el posporno desde América Latina y en vinculación a los contextos concretos en los que emerge.
Castillo, A. (2015) Imagen, cuerpo, Adrogué, Ediciones la Cebra.
Díaz Fuentes, J. (2017) “La ficción del posporno. Reflexiones activistas a partir de producciones de posporno recientes” en Giménez Gatto, Fabián y Díaz Zepeda, Alejandra (coord.) Pornologías, Ciudad de México, La Cifra Editorial.
Egaña Rojas, L. (2017) Atrincheradas en la carne. Lecturas en torno a las prácticas postpornográficas. Barcelona, Bellaterra.
Milano, L. (2014) Usina Posporno: disidencia sexual, arte y autogestión en la pospornografía, Buenos Aires, Título.
PostOp (2013) “De placeres y monstruos. Interrogantes en torno al postporno” en Solá,Miriam y Urko, Elena (comps.) Transfeminismos. Epistemes, fricciones y flujos, Tafalla, Txalaparta.
Preciado, P. (2008) “Museo, basura urbana y pornografía” en Zehar: revista de Arteleku-ko aldizkaria, ISSN 1133-844X, Nº. 64, págs. 38-67.
Sarmet, E. (2015) Sin porno no hay posporno. Corpo, Excesso e Ambivalência na América Latina (Tesis de Maestría), Universida de Federal Fluminense, Brasil.
Sentamans, T. (2013) “Redes transfeministas y nuevas políticas de la representación sexual” en Solá, Miriam y Urko, Elena (comp.) Transfeminismos. Episteme, fricciones y flujos, Tafalla, Txalaparta.
Smiraglia, R. (2016) “Sexualidades de(s)generadas: algunos apuntes sobre el posporno” en Martinelli, Lucas (comp.) Fragmentos de lo queer: arte en América Latina e Iberoamérica, Buenos Aires, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras.
Valencia, S. (2014) “Interferencias transfeministas y pospornográficas a la colonidad del ver” en Hemispheric Institute, Vol.11, Pag. 1-23, Revistas Arbitradas.
LAURA MILANO
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