Léxico crítico de estudios de género y feminismos

Este léxico reúne conceptos que atañen a los estudios de género en un sentido amplio, es decir que contempla los paradigmas teóricos feministas, queer, cuir y transfeministas. Sabemos que el lenguaje nos hace sujetos mientras produce mundos, desde el feminismo se han develado sus matices sexistas, pero también el lenguaje es el que nos ha dado las herramientas para pensar otros mundos...

2021-10-02 Idioma: es 106 términos Borrador
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Bioética feminista

Notas
Nota de alcance

La bioética feminista surge y se afianza durante la década de 1990. Los años anteriores habían comenzado a escucharse voces provenientes de los feminismos que advertían que la bioética se estaba desarrollando como disciplina sin prestar suficiente atención a las desigualdades de género, raza, etnia y poder. Pueden rastrearse, de esa época, algunos pocos artículos -publicados en diferentes revistas especializadas- dirigidos a señalar la falta de problematización de temáticas en este campo que afectaban particularmente a las mujeres (Corea, 1985).
A medida que el campo de la bioética se fue profesionalizando y diversificando, surgieron diferentes interrogantes sobre su dirección y enfoque. La perspectiva feminista, sin embargo, no pareció encontrar su lugar en el debate sobre estas problemáticas hasta casi dos décadas después del surgimiento de la bioética como disciplina diferenciada. Este hecho llama poderosamente la atención, especialmente si se tiene en cuenta que feminismo y bioética comparten, desde sus orígenes, numerosas temáticas en común (Sherwin 1992).


La bioética feminista: un marco teórico alternativo

La publicación en 1982 de In a Different Voice de Carol Gilligan suscitó un profundo debate sobre la universalidad de los principios morales que contribuiría, tiempo después, al surgimiento de la bioética feminista. El impacto de la propuesta de Gilligan fue el puntapié inicial para que, tiempo después, las bioeticistas feministas propusieran, a la luz de esta propuesta, una revisión de la teoría dominante en bioética (Diniz y Guilhem, 2008). La ética del cuidado ofreció un marco teórico alternativo, crítico del principialismo, que llevó a postular el equívoco de basar los principios rectores de la bioética en concepciones liberales individualistas de las personas (concebidas como radicalmente autónomas y racionales) que omiten las dimensiones de lo relacional y lo emocional en la toma de decisiones en salud. Estas críticas inauguraron una línea novedosa de investigación que permitió examinar desde otras miradas el lugar de las mujeres y otros grupos minoritarios en relación con la atención a la salud, los derechos de lxs pacientes, la práctica clínica e incluso la investigación científica.
Poco a poco, la bioética feminista fue ganando espacio en los debates académicos y públicos en torno de estas temáticas. Estas miradas de los feminismos contribuyen aún hoy a modificar el análisis bioético, señalando las dimensiones sociales, económicas, políticas, ideológicas y de género de las cuestiones relacionadas con la salud. Desde un primer momento, la bioética feminista se erigió como una voz crítica, encargada de alertar acerca de las condiciones que obstaculizan u obstruyen el acceso a la atención sanitaria de los grupos vulnerados, señalando que el sistema de dominio patriarcal atraviesa los principios morales universales, resultando en prácticas injustas en el campo de la salud.
En los orígenes y desarrollo de la bioética feminista se deben señalar tres hitos que contribuyeron al reconocimiento y afianzamiento de esta propuesta. En primer lugar, la publicación en 1992 del libro Feminist Perspectives in Medical Ethics, una compilación de artículos que habían sido presentados anteriormente en la revista Hypatia. En segundo lugar, en el mismo año, la publicación de No Longer Patient: Feminist Ethics and Health Care de Susan Sherwin, considerado el primer libro sobre teoría bioética feminista. Finalmente, la edición en 1996 de la antología Feminism and Bioethics: Beyond Reproduction, en la que Susan Wolf compila una serie de escritos feministas sobre temas de bioética que apenas habían sido trabajados con anterioridad a esta publicación. Estas publicaciones fueron el puntapié inicial para que las bioeticistas feministas cobraran cada vez más relevancia en los debates bioéticos.
Desde su fundación en el año 1992, la FAB (International Network on Feminist Approach to Bioethics) ha contribuido de manera sistemática a la profundización y solidificación de un enfoque feminista de la bioética, a través de la organización y participación en reuniones científicas y de una profusa y sostenida producción teórica.
A pesar de que la bioética feminista se ha ido desarrollando hasta la actualidad en diferentes vertientes, todas comparten la premisa de que la opresión de las mujeres, exacerbada por características de pertenencia como raza, etnia, orientación sexual y clase socioeconómica, son un factor de desigualdad que debe ser incluido en el análisis bioético y que se encuentra ausente en las propuestas y debates que surgen de la bioética tradicional (Diniz y Vélez, 1998). También convergen en el esfuerzo por construir un marco teórico alternativo para esta disciplina, que permita dar cuenta de las particularidades de las mujeres y otros grupos subalternizados en el análisis bioético.
La bioética feminista apunta al corazón mismo de la bioética tradicional, señalando debilidades sistémicas en esta propuesta de corte universalista que se fundamenta en un conjunto de principios abstractos y aislados del contexto. Estas críticas se dirigen tanto al carácter abstracto de gran parte de la teoría bioética tradicional, como también hacia las estructuras que enmarcan la atención médica y la investigación en salud.
Bioética feminista en Latinoamérica
La génesis de la bioética en la región se produjo de manera bastante similar en casi todos los países de la región. El impulso inicial estuvo en manos de los profesionales médicos y de teólogos católicos, resultando en sus inicios en un campo de estudio altamente masculinizado (Diniz y Guilhem, 1999).
Las primeras producciones de feministas en el campo de la bioética latinoamericana coincidieron con el ingreso masivo de las mujeres a las profesiones en salud, a finales de la década de 1990. En un primer momento, estas pensadoras tomaron temas como el derecho al aborto, las tecnologías reproductivas y las intersecciones entre género y salud, que habían sido dejados de lado en los debates iniciales. Las primeras publicaciones fueron trabajos recopilatorios centrados fundamentalmente en la salud sexual y reproductiva (Sorokin, 2002).
Con el tiempo, las bioeticistas feministas de la región se posicionaron como las protagonistas académicas de los estudios en epistemología feminista, así como en interlocutoras públicas, brindando una impronta particular a la bioética latinoamericana: el ser herramienta de incidencia y crítica social. (Diniz y Velez, 1998). La bioética feminista Latinoamérica se genera en la intersección de la reflexión académica y la acción política.


Autonomía relacional

El respeto por la autonomía de los pacientes ha ocupado un lugar central en este campo de estudio, a tal punto que hay un consenso casi total de que la bioética tradicional se encuentra dominada por el “paradigma de la autonomía”. Este concepto ocupa un lugar privilegiado en la literatura especializada y es central en los debates sobre problemáticas al inicio y fin de la vida, en relación con el consentimiento informado y en temas como el aborto, directivas anticipadas, decisiones en salud por parte de menores, etc. Es por ello por lo que las críticas que dirigen las bioeticistas feministas a la noción imperante de autonomía pueden pensarse como el aporte más significativo de la bioética feminista.
Las críticas feministas señalan que el modelo tradicional de autonomía es inadecuado dado que no permite incluir en la toma de decisiones la experiencia personal, tampoco permite identificar situaciones en que la autonomía –en la vida real– se ejerce en mayor o menor grado, ni toma en cuenta particularidades contextuales (Dodds, 2000). La formulación tradicional de la autonomía, señalan las bioeticistas, desdibuja las condiciones de fondo que las personas aportan a su experiencia médica, así como también las relaciones de poder institucionales y las estructuras sociales que influyen en sus elecciones. La concepción clásica de la autonomía se basa en un modelo ‘ideal’ (e irreal) de persona, que la sitúa fuera de las relaciones de poder (Ells, 2003). El concepto de autonomía liberal, presente en la bioética tradicional, se construye a partir de la idea de un sujeto teórico universal, que se piensa desde la individualidad, la absoluta racionalidad y como separado de su entorno y de las emociones.
La propuesta de las bioeticistas feministas consiste, no en el abandono de la autonomía como valor ético, sino en la adopción de un modelo relacional de autonomía que permita dar cuenta de la red de relaciones que conforman la individualidad, comprendiendo que la complejidad de las relaciones entre los individuos, su entorno social y su matriz cultural permite develar y remediar situaciones de injusticias sufridas por los grupos marginados.
La autonomía relacional se funda en el reconocimiento que sostiene que la condición de la libertad individual no es una afirmación absoluta por parte de cada individuo, sino que se constituye a partir de las relaciones que genera el reconocimiento intersubjetivo.
La bioética feminista propone una revisión y reorientación de la bioética, cuestionando las actitudes androcéntricas prevalentes en la práctica médica y señalando desigualdades -a menudo ignoradas- basadas en desigualdades de género. Sus criticas al modelo imperante en bioética atacan las condiciones de fondo que producen injusticias persistentes en la medicina y la atención médica, presentando nuevos modos de pensar cómo la subjetividad y la agencia moral se articulan dentro del discurso bioético.
Si se parte del reconocimiento -como advierten los feminismos desde sus orígenes- de que disciplinas como la filosofía, la medicina y el derecho se estructuran sobre valores patriarcales, entonces no resulta extraño sostener que la bioética -que toma gran parte de sus fundamentos de estos campos disciplinares- también comparte estos valores. El foco de la bioética feminista está puesto hoy en examinar qué papel desempeña esta joven disciplina en las estructuras de opresión existentes. La bioética feminista exige el cuestionamiento de prácticas que legitiman y reproducen órdenes sociales injustos, poniendo a un grupo de personas en situación de desigualdad.

Nota bibliográfica

Corea, G. (1985) The Mother Machine: Reproductive Technologies from Artificial Insemination to Artificial Wombs, New York: Harper and Row.
Diniz, D., Guilhem, D. (2008) “Bioética feminista na América Latina: a contribuição das mulheres”, Estudos Feministas, nro. 16 (2), pp. 599-612.
Diniz, D., Vélez, A. (1998) “Bioética Feminista: a emergência da diferença”, Revista Estudos Feministas, vol 6, nro. 2, pp. 255-263.
Dodds, S. (2000) “Choice and Control in Feminist Bioethics”, Mackenzie & Stoljar Relational Autonomy: Feminist Perspectives on Autonomy, Agency, and the Social Self, Oup, USA.
Ells, C., (2003) “Foucault, Feminism, and Informed Choice”, Journal of Medical Humanities, n.24 (3/4), pp. 213-228.
Sherwin S. (1992) No Longer Patient: Feminist Ethics and Health Care, Philadelphia, Temple University Press.
Sorokin, Patricia (2002). Bioética: entre utopías y desarraigos. Libro homenaje a la Prof. Dra. Gladys J. Mackinson. Buenos Aires: Ad Hoc.

mención de responsabilidad

LAURA F. BELLI

Cómo citar este término
LAURA F. BELLI (2026). "Bioética feminista". En: Tania Diz. Léxico crítico de estudios de género y feminismos. UBA. FFyL. Buenos Aires. https://terminologias.filo.uba.ar/vocabs/1021/term/19. Última modificación: 2026-09-25 10:50:58.

02/10/2021

Fecha publicación

25/09/2026

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