Léxico crítico de estudios de género y feminismos

“Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.” Alejandra Pizarnik Este léxico reúne conceptos que atañen a los estudios de género en un sentido amplio, es decir que...

2021-10-02 Idioma: es 126 términos
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División sexual del trabajo

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Nota de alcance

Se trata de un fenómeno observable y de un concepto que es reactualizado en diferentes escenarios y regiones, principalmente a partir de la crisis de los cuidados y de las asimetrías de género persistentes en el mercado de trabajo. Asimismo, se trata de una perspectiva que ha desarrollado estudios comparados en el Norte y el Sur-global. Junto al concepto de “división sexual del trabajo”, se han mencionado de manera asociada otros, como la “división del trabajo por sexos”, la “división genérico-sexual del trabajo”, la “división del trabajo por género”. En este punto, es importante distinguir las diferentes corrientes feministas que retomaron este concepto, ya sea desde el marxismo, el materialismo francófono y las perspectivas de los feminismos del sur-global.
Para situar estas vertientes es necesario recrear los debates de los ‘60 y ‘70, que no sólo impactaron en los modos de comprender la división del trabajo sino también en la revalorización del trabajo doméstico (v. REPRODUCCIÓN). Las posiciones del marxismo ortodoxo fueron reevaluadas en los años ‘60 por un sector de mujeres pertenecientes a las corrientes de la Nueva Izquierda y a los movimientos contestatarios en Europa y en Norteamérica, escenario en el cual surgen los primeros grupos feministas socialistas durante los ‘70. Entre los enfoques del feminismo marxista se han desarrollado distintas vertientes con sus consecuentes debates al interior de las mismas y en discusión con las posturas del feminismo radical, desde las cuales se consideraba la relación de los sexos como el antagonismo social principal. En cada vertiente se ha buscado ubicar al “sexo-género” en un eje específico de opresión, reelaborando categorías marxistas o proponiendo nuevas. Esto se manifestó de dos maneras: ampliando la realidad de la base material y de los ámbitos de explotación que excedían planteos meramente económicos, o reelaborando categorías de producción/reproducción y el concepto de “trabajo”. 
La división sexual del trabajo en el marco del análisis de los “sistemas duales”: Teniendo como objetivo buscar una “unión más progresista” y “feliz” entre marxismo y feminismo, la economista y socióloga Heidi Hartmann analiza a fines del ’70 la ceguera del marxismo con respecto “al sexo”, al tiempo que critica el análisis feminista radical que ha sido “ciego” a la historia e “insuficientemente materialista”. De este modo, entiende que la sociedad está organizada de dos modos: capitalista y patriarcal. En este punto, reconoce una mutua adaptación en el siglo XX de ambos sistemas, y considera que el capitalismo es “tremendamente flexible” para adaptar formas sociales preexistentes, como las divisiones jerárquicas sexuales y raciales. En diálogo con este trabajo se encuentran los análisis de Zillah Eisenstein, Natalie Sokoloff, Ann Ferguson, Nancy Folbre, Barbara Ehrenreich e Iris Marion Young, entre otras. 
Como parte de las críticas, se señala que al recurrir al llamado “modelo de esferas separadas” como presupuesto, desde la “teoría del sistema dual” se tiende a atribuir una existencia real y universal a esta división entre familia y economía capitalista. Entre las propuestas para superar una mirada de los “sistemas duales”, autoras como Iris Young o Alisson Jaggar propondrán conceptos desde los cuales poder analizar el patriarcado capitalista. No es un debate menor pensar como se articula la “división sexual del trabajo” con la “división sexual del trabajo militante” (Falquet, 2005). 
En este sentido, Iris Young entiende que no se trata de dos luchas separadas contra dos sistemas distintos o, como los expresa Barbara Ehrenreich, de asistir a dos reuniones como práctica habitual de una feminista socialista. En consecuencia, el planteo debe proponer una nueva teoría de la opresión de la mujer “que muestre al capitalismo como esencialmente patriarcal” y que contribuya “cambiar la relación entre la práctica feminista y la lucha por transformar las instituciones y relaciones capitalistas (Young, 1992: 56). Y para llevar adelante esta afirmación propone diseñar un marco analítico “que considere las relaciones sociales materiales de una formación social histórica particular como un sistema único en el cual la diferenciación de género es un atributo central” (1992: 45) y para ello parte de una categoría que considera medular: la división del trabajo por género para referirse a “toda diferenciación del trabajo estructurada, según el género, dentro de una sociedad” (1992: 46). De este modo, las tareas “tradicionales” realizadas por la mujer (procrear, criar niñes, cuidar enfermos, limpiar, cocinar, etc.) son comprendidas dentro de la categoría de trabajo, al igual que los objetos producidos en una fábrica. Y con ello agrega que haber empleado la categoría de producción o trabajo para designar solamente la producción de objetos materiales dentro de una fábrica moderna ha sido una de las “tragedias, innecesarias, de la teoría marxista” (Ibid.). 
Bajo esta propuesta Young considera que la categoría división del trabajo por género tiene claras ventajas sobre la “teoría del sistema dual”, porque provee los medios para analizar las relaciones sociales que se originan en la actividad laboral de una sociedad, a través del género, ubicando las relaciones de género y la posición de las mujeres en el centro del análisis materialista histórico. En este punto es importante marcar que en vez de utilizar la “división sexual” –como en sus anteriores escritos- recurre al “género” como concepto que alude al significado social de la división, y no a un cierto carácter biológico o “natural”. Una de las principales virtudes de este análisis que propone es que permite analizar las relaciones del trabajo vinculados específicamente al género, registrando las variaciones de cada situación, sin asumir que todas las mujeres, en general, o todas las mujeres de una sociedad determinada tienen una situación idéntica y unificada. 
La “división sexual del trabajo” en el marco de los debates por la reconceptualización del trabajo: En el contexto de las críticas al “androcentrismo en las investigaciones en ciencias sociales” durante los ‘70 en Francia y del auge de los movilizaciones feministas de esos años, se fue conformando una orientación en investigación que a principios de los ‘80 cobra forma en el grupo dirigido por Danièle Kergoat. Se trata del Grupo de Estudios sobre la División Social y Sexual del Trabajo (GEDISST), equipo de investigación creado en 1983 en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) en Francia. Este equipo trabajará en torno a la problemática de la división sexual del trabajo que tendrá como eje la reconceptualización y ampliación del concepto mismo de “trabajo” a partir de la introducción en el corazón del análisis del sexo social y la división internacional del trabajo, es decir, la extensión, combinación y coexistencia de nuevos paradigmas productivos e “islotes” de especialización flexible -masculinizados- con organizaciones tayloristas –feminizadas- en el eje Norte-Sur (Hirata, 1997). Estudios como los desarrollados por Kergoat a fines de los ‘70 sobre la distinción entre cualificaciones formales reconocidas oficialmente y cualificaciones no formales, apuntaban a dar cuenta de la invisibilidad de las calificaciones femeninas. Sus trabajos posteriores, estarán sintonía con los análisis que se apartan de la articulación producción/reproducción en términos “estáticos”, y plantean una reflexión desde el concepto “dinámico” de relaciones sociales de sexo como “principio organizador de las prácticas sociales, de la misma manera que las restantes relaciones sociales con las que se articula” (1997: 37). Esta propuesta puede sintetizarse en la mirada crítica de Kergoat sobre las investigaciones en la sociología del trabajo, pensando que no se trataría de mirar la fábrica y “echar un vistazo” en el barrio o en la familia, buscando un “principio de coherencia único”, sino precisamente de situar la diversidad y contradicción en el centro de las definición de las prácticas, en este caso, obreras. Al mismo tiempo, el equipo de Kergoat vuelve sobre las primeras conceptualizaciones del feminismo materialista francés, y se focaliza en los problemas que puede acarrear en el análisis el hecho de considerar un “enemigo principal”, o bien, cierta “primacía” o “simultaneidad” del sistema patriarcal, consideración que no permite mostrar cómo ese sistema afecta a los restantes sistemas de opresión y explotación, o como se articula con ellos. 
Los análisis posteriores de Kergoat (2003) se concentran en las formas que asume la división sexual del trabajo, estructurada a partir de dos principios que la organizan: por un lado, la separación (la masculinización o feminización de los trabajos); por el otro, la jeraquización, donde un trabajo “vale” más que otro Estos desarrollos serán retomados en lecturas desde el Sur, por quienes analizan la reactualización de la división sexual del trabajo en cooperativas, en la economía social, y autogestioanda, donde no existe “un patrón”.
En el caso de Latinoamérica, un estudio interdisciplinario pionero de Lourdes Benería y Martha Roldán en 1987 sobre “La encrucijadas de clase y género: trabajo a domicilio, subcontratación y dinámica de la unidad doméstica en la Ciudad de México”. Aquí se vuelve sobre los interrogantes clásicos que investigan la participación de “las mujeres en el Desarrollo”, que estaban presentes en los trabajos publicados desde 1970. Las autoras reconocen que el merito de estos trabajos radica en analizar los efectos del desarrollo sobre la mujer como trabajadora y miembro de familia, aspecto que otros estudios de las ciencias sociales habían olvidado. Entre ellos, rescatan el punta pie inicial realizado por la economista Ester Boserup -El rol de las mujeres en el desarrollo económico de 1970- cuyos aportes fundamentales se centraron en señalar que toda sociedad ha generado una marcada “división del trabajo por sexos” en la cual las tareas consideradas masculinas o femeninas son bastante diferentes de un país a otro, y con ello muestra que el desarrollo económico en el Tercer Mundo ha tenido repercusiones distintas en varones y mujeres, con un efecto negativo para las últimas. 
Ahora bien, ¿cómo se vinculan los debates sobre el desarrollo y la configuración de la división sexual del trabajo? Sin duda, Benería y Roldán consideran que los aportes de estos estudios -muchas veces desdeñados por la corriente dominante- han sido importantes, entre ellos, por relevancia otorgada a la dinámica de la unidad doméstica y su relación con procesos socioeconómicos más amplios. Sin embargo, esta revisión las lleva a detectar limitaciones: por ejemplo, el hecho de afirmar que la subordinación de la mujer en el desarrollo no puede atribuirse a su marginación de dicho proceso -como lo piensa Boserup- sino a una variedad de factores que la han generado y que Lourdes Benería y Gita Sen relacionan con el género y con el patrón de crecimiento que provoca agudas diferencias de clase y jerarquías sociales. Entre las limitaciones también se encuentra el hecho de suponer que el desarrollo capitalista en el Tercer Mundo tiene su propia dinámica, sin considerar que cada proceso debe ser entendido junto con las pautas de acumulación que existieran con anterioridad y las relaciones de subordinación/dominio que han condicionado ese proceso y están condicionadas por él. Las autoras observan un aspecto clave del debate en torno a la categoría de patriarcado y entienden que muchas propuestas que parten del feminismo socialista descuidan un mensaje fundamental del feminismo radical que señala la subordinación de la mujer basada en el dominio masculino sobre su sexualidad, su capacidad de procrear y su ideología. Benería y Roldán se proponen ir un paso más allá de los “análisis duales” y comprender que la realidad se presenta no tanto como matrimonio en conflicto -entre capitalismo y patriarcado- sino como producto con rasgos heredados de los dos sistemas y también de las relaciones múltiples de dominio y subordinación basadas en la raza, generación, caracteres étnicos, nacionalidad, preferencia sexual. De este modo, el análisis integrado de Benería y Roldán muestra las relaciones entre procesos, “aparentemente inconexos”, como la acumulación del capital, la dinámica de una división del trabajo nacional e internacional y los patrones de interacción en la unidad doméstica basada en la “subordinación de género en la vida diaria”. 
La conocida frase “la clase obrera tiene dos sexos”, popularizada en América Latina por el trabajo de la investigadora brasileña Elizabeth Souza Lobo, abriría la puerta a un gran desafío dentro de este campo de estudios en el contexto latinoamericano de la década del ‘90, lo cual implicaba, más que visibilizar, evidenciar las implicancias de la “división genérica” de la clase trabajadora y lidiar con la complejidad de la dimensión relacional de la categoría “género”. 
Resulta clave mencionar que los análisis de las feministas socialistas blancas sobre el mundo del trabajo serán interrogados a mediados de los ’80 por las feministas negras socialistas como Kum-Kum Bhavnani y Margaret Coulson quienes proponen analizar conjuntamente los efectos del racismo y las relaciones de clase y género como parte de las necesidades políticas del feminismo. Estas autoras sostienen que el racismo es el problema central y no el etnocentrismo, los cual implica una transformación radical y fundamental del feminismo socialista. Partiendo de la consideración de las estrategias diferenciadas que tienen los Estados para con sus poblaciones “negras” y “blancas”, las autoras proponen analizar la complejidad de un capitalismo patriarcal racialmente estructurado. En diálogo con estos análisis, la socióloga Silvia Walby reconoce las dificultades señaladas, sin embargo, considera que en una teoría –como la del patriarcado- dónde solo hay un elemento causal no debe sorprendernos que se presenten problemas a la hora comprender la variación y el cambio. El análisis se Walby, se inscribe en el marco de otros estudios desarrollados por feministas marxistas británicas que buscan revitalizar la categoría de patriarcado desde investigaciones que vinculan el desarrollo de la tecnologías con el género –como Cynthia Cockburn- o bien se concentran en analizar los nuevos requerimientos de mano de obra femenina a escala global, tal como lo señala la socióloga feminista marxista alemana Maria Mies. En este contexto, se buscaba comprender una serie de cuestiones referidas tanto al trabajo femenino como al desplazamiento del empleo hacia el sector servicios. Este proceso que se vio acompañado por la feminización de la fuerza de trabajo, la explotación de las mujeres del Tercer Mundo como mano de obra barata para la industria en zonas de exportación (por ejemplo, las maquilas), situación que se teorizó bajo el concepto de “nueva división internacional del trabajo” en contraste con el término “globalización”. 
En el caso de los estudios de los feminismos del sur-global, ha podido mostrar como en las últimas tres décadas se han globalizado los procesos de acumulación originaria, con el avance de la privatización de los recursos naturales y de los servicios públicos, reforzando las desigualdades de género y los impactos negativos de la división sexual del trabajo (Sen, 2015). Desde estas regiones del sur, se han analizado las formas de división sexual del trabajo, superando los binarismos y miradas heteronormativas del trabajo.
Desde los estudios recientes han seguido de cerca los cambios en la configuración de la división sexual del trabajo (Guimaraes e Hirata, 2020). Allí se destaca de qué manera la crisis económica y la experiencia del desempleo, ha llevado a un aumento creciente de varones que buscan formación o una certificación como cuidadores, lo cual modificaría gradualmente la división sexual del trabajo en el caso del cuidado domiciliario. Estas trayectorias, se ven muy claramente en el estudio de Hirata, Makridou y Matsuo. 
En el marco de la pandemia del COVID-19 y de la triple crisis originada (sanitaria, económica y de cuidados), han cobrado sentido los análisis sobre la injusta distribución del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado y la forma en que se ha visto reforzada la división sexual del trabajo, frente al avance y extensión del teletrabajo y empleo remoto en contextos de confinamiento y/o aislamiento social. Asimismo, esta división sexual y racial del trabajo, se ha profundizado en los sectores de la economía digital que más han crecido en el capitalismo de plataformas bajo contexto de pandemia, a través de la creación y extensión de las modalidades de trabajo de aplicaciones (APPs), como las tareas de repartidores, transportes de pasajeros y servicios vinculados a través de plataformas (Partenio, 2020). La generización del trabajo de plataformas se ve asociado con el aumento de las brechas de género y la ausencia de derechos laborales y de la seguridad social. 

Nota bibliográfica

L. Beneria y G. Sen (1982), “Acumulación, reproducción y el papel de la mujer en el desarrollo económico. Una revisión de Bonserup”, Revista Colombiana ACEP, Bogotá, Colombia. 
N. Araujo Guimarães y H. Hirata (comp.) (2020), El cuidado en América Latina: mirando los casos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Uruguay, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Fundación Medifé Edita.
H. Hirata y D,Kergoat 1997 [1993], La división sexual del trabajo. Permanencia y cambio, Buenos Aires, Asociación Trabajo y Sociedad/CEM/Piette del CONICET.
J. Falquet (2005), División sexual del trabajo revolucionario: reflexiones en base a la participación de las mujeres salvadoreñas en la lucha armada (1981-1992)”, en María Luisa Femenías (Comp.). Perfiles del feminismo iberoamericano, Vol. 3. Buenos Aires, Catálogos. 
D. Kergoat (2003), “De la relación social de sexo al sujeto sexuado”, Revista Mexicana de Sociología, Instituto de Investigaciones Sociales. No 4, México, D. F, oct.-dic.
F. Partenio, (2020) “Retrocesos 4.0: los desafíos de la protección social de les trabajadores de plataformas”, DAWN INFORMS, Marzo
G. Sen (2015) “Reconsiderando la acumulación originaria”, en en Gita Sen y Marina Durano (ed.) Refundando los contratos sociales. Feministas en un mundo feroz, DAWN, Montevideo.
I. Young (1992) “Marxismo y feminismo, más allá del “matrimonio infeliz” (una crítica al sistema dual”, El cielo por asalto, Año II, Nº4, Ot/Inv. 

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FLORENCIA PARTENIO

02/10/2021

Fecha publicación

19/05/2026

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