Léxico crítico de estudios de género y feminismos

Este léxico reúne conceptos que atañen a los estudios de género en un sentido amplio, es decir que contempla los paradigmas teóricos feministas, queer, cuir y transfeministas. Sabemos que el lenguaje nos hace sujetos mientras produce mundos, desde el feminismo se han develado sus matices sexistas, pero también el lenguaje es el que nos ha dado las herramientas para pensar otros mundos...

2021-10-02 Idioma: es 107 términos Borrador
Opciones:
InicioEconomía feminista

Economía feminista

Notas
Nota de alcance

Es la expresión de la mirada de los feminismos en la producción de saber económico, en el análisis económico y en el diseño y gestión de políticas económicas. Transciende abordajes que simplemente reconocen y visibilizan las brechas económicas de género, y en cambio se identifica como una visión heterodoxa que: i) visibiliza dimensiones del funcionamiento económico veladas en el análisis económico convencional; ii) aporta conceptos y metodologías, con las que contribuye a través de evidencia empírica novedosa; iii) brinda herramientas para un diseño y gestión informados de las políticas económicas, de las que denuncia su habitual ceguera de género; iv) realiza aportes a la construcción de críticas económicas sistémicas y al debate sobre maneras alternativas de organizar la producción, la reproducción, el consumo y la distribución.
Los antecedentes de la Economía Feminista pueden rastrearse largamente en el tiempo, en particular en aportaciones tempranas de mujeres economistas, y reconocerse en los debates feministas sobre temas económicos de la década del setenta, principalmente en el diálogo con las visiones marxistas. Pero la Economía Feminista comienza a cobrar identidad como tal en la década del noventa, principalmente en reacción a la mirada dominante en la economía, monopolizada por los fundamentos y desarrollos de la teoría económica neoclásica (Ferber y Nelson, 2003). 
La Economía Feminista discute la visión androcéntrica de la económica ortodoxa y los principios básicos de la teoría neoclásica. En primer lugar, la existencia de un agente económico representativo, el homo economicus. La EF sostiene que ese homo economicus se parece demasiado a un burgés, blanco, varón, adulto, heterosexual (un BBVAh, al decir de la economista feminista española Amaia Pérez Orozco). En cambio, la sociedad se conforma por personas muy diversas que se alejan en grados crecientes de este agente que en realidad no las representa. Invisibilizar estas diferencias y deducir los comportamientos a partir del agente “no representativo” implica una comprensión cuanto menos inexacta de la realidad. 
En segundo lugar, la EF cuestiona el principio de la racionalidad, y la noción de preferencias y elección individual. Cuando las relaciones económicas se entienden como relaciones sociales atravesadas por las relaciones de género, se comprende que la racionalidad está afectada por los mandatos, estereotipos y prejuicios de género. Por ejemplo, la teoría neoclásica entiende que las decisiones de las mujeres y los varones respecto de la particiapción en el mercado laboral y de la distribución del tiempo entre trabajo remunerado y trabajo no remunerado, son resultado de la elección racional entre trabajo y ocio, determinada por la relación entre la productividad marginal del trabajo y el salario. La EF, en cambio, sostiene que la participación de las mujeres en el mercado laboral está determinada por múltiples factores, que incluyen los mecanismos de discriminación de género en los procesos de selección de personal, las expectativas sociales respecto del rol cuidador de las mujeres, la sobrecarga de tiempo demandado por las responsabilidades de cuidado, las características (en términos de salario y condiciones laborales) de los empleos disponibles para las mujeres. Es decir, la posición relativa diferente de los varones y mujeres en el mundo del trabajo son consecuencia de subjetividades construidas en los entornos sociales y condicionantes materiales.
En tercer lugar, la EF se alinea con otras corrientes heterodoxas dentro del pensamiento económico para discutir la pretensión de objetividad de la mirada ortodoxa y, por el contrario, sostiene que la producción de conocimiento es situada. Por lo mismo, la EF discute la preeminencia de la formalización matemática como método y, en cambio, utiliza metodologías diversas, acude con frecuencia a la triangulación metodológica, y sustenta sus desarrollos en la interdisciplinariedad, es decir, en el diálogo fluido y constructivo con otras disciplinas en las ciencias sociales.
Desde esta mirada crítica y recuperando debates históricos de los feminismos, la EF ha realizado aportes sustantivos al campo económico. Uno de ellos se vincula con la explicitación del nudo entre la producción (de bienes y servivios con valor económico en el mercado) y la reproducción (de los seres humanos y de la vida), y la visibilización del rol económico sistémico del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. El argumento central de la EF es que para que pueda concretarse la articulación de capital y trabajo que permite generar (mediante la producción de bienes y servicios) valor económico, hace falta toda una dotación de trabajo, invisibilizado por la mirada ortodoxa, y no reconocido por el mercado, que garantiza la provisión de esa fuerza de trabajo. La evidencia demuestra que la mayor parte de ese trabajo lo asumen las mujeres de manera no remunerada (o con empleos remunerados precarios), lo que pone en evidencia el rol sistémico económico central del trabajo de las mujeres (Rodríguez Enríquez, 2012).
Si se reconoce que el trabajo de cuidado no remunerado contribuye al funcionamiento del sistema económico, se puede afirmar que tiene valor económico en sí mismo. Una de las estrategias de la EF para visibilizar este trabajo y brindar una idea de la magnitud de su contribución económica consiste en estimar su valor económico en términos monetarios, e incluirlo en las cuentas nacionales como parte de la cuenta satélite de los hogares. Varios países de América Latina han avanzado en estas estimaciones, partiendo de la cuantificación del tiempo que las personas dedican al trabajo de cuidado no remunerado (que proveen las encuestas de uso del tiempo) y atribuyéndole a este tiempo un valor monetario (habitualmente, algún salario de referencia recogido a través de las encuestas de fuerza de trabajo). Sólo para citar como ejemplo, en México, uno de los países pioneros en estas contribuciones, se estima que el valor del trabajo de cuidado no remunerado equivale a 20% del PBI, lo que da una pauta de la magnitud enorme y significativa que tiene la contribución no reconocida e invisibilizada de las mujeres a la creación de valor.
La EF ha aportado nueva evidencia para dar cuenta de cómo el enorme peso del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, que las mujeres asumen en mucha mayor proporción que los varones, continúa siendo uno de los obstáculos principales a la participación de las mujeres en otras dimensiones de la vida (en las actividades económicas, de formación, políticas, comunitarias, etc.).
Esto lo ilustra el concepto de Organización Social del Cuidado (OSC), que refiere a la manera en que inter-relacionadamente el Estado, los hogares, el mercado y la comunidad proveen y distribuyen cuidado. La evidencia nos permite afirmar que, en su conformación actual, la OSC es injusta en dos sentidos. Por un lado, porque las responsabilidades de cuidado están desigualmente distribuidas entre estos actores del cuidado. La mayor parte del cuidado lo asumen los hogares, a través del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. El Estado actúa sólo de manera complementaria, atendiendo algunas dimensiones específicas del cuidado (por ejemplo, la educación básica), o actuando donde las necesidades para los hogares son más acuciantes (por ejemplo, atendiendo parte de las necesidades de cuidado de hogares en situación de vulnerabilidad social). Mientras que el mercado es accesible sólo en la medida que los hogares tienen capacidad adquisitiva como para comprar cuidado. Por otro lado, al interior de cada uno de estos actores, las responsabilidades de cuidado se distribuyen de manera desigual entre varones y mujeres. 
Esta doble desigualdad permite afirmar que la OSC no solamente es injusta, sino que también se transforma en sí misma en un vector de reproducción de la desigualdad. Los hogares que cuentan con mayores posibilidades de organizar el cuidado tienen por tanto mayor facilidad para liberar tiempo que pueden destinar a otras actividades, entre ellas a la generación de ingresos. Por el contrario, los hogares con escasos recursos, en el contexto de débiles e insuficientes servicios públicos de cuidado, no pueden comprar cuidado en el mercado, no pueden liberar tiempo, no pueden participar en actividades económicas, y así van reproduciendo su situación de desventaja. 
La transformación de la injusta OSC requiere de regulaciones específicas relativas al cuidado en el marco de las relaciones de empleo (básicamente, licencias extendidas y paritarias), de políticas de servicios de cuidado que garanticen su provisión con pretensión de universalidad en la cobertura y la calidad, y de políticas públicas que aceleren la transformación cultural que permita avanzar hacia un esquema de corresponsabilidad social en el cuidado (Esquivel y Kaufman, 2017).
Las contribuciones de la EF a la visibilización de la dimensión reproductiva del cuidado han fortalecido los aportes que los feminismos hicieron históricamente para dar cuenta de las desigualdades de género en el mundo del empleo. Estas se expresan en la persistencia de brechas de género en la participación laboral (las mujeres siguen participando menos que los varones en el empleo), en el desempleo (las mujeres presentan sistemáticamente mayores tasas de desempleo que los varones), en la desprotección social (las mujeres están sobrerepresentadas en la informalidad laboral), en el tiempo de trabajo (las mujeres se ocupan en empleos de tiempo parcial en mayor proporción que los varones) y como consecuencia de todo lo anterior, en los ingresos laborales (las mujeres siguen percibiendo en promedio remuneraciones menores que los varones). 
En el mercado laboral también se sigue verificando la segregación horizontal que concentra a las mujeres en actividades típicamente femeninas y a los hombres en actividades típicamente masculinas. También persiste la segregación vertical, que da lugar a dos fenómenos que siguen funcionando: el techo de cristal, esto es, la existencia de una barrera “invisible” que le dificulta mucho más a las mujeres traspasar ciertos umbrales en la escalera de las jerarquías ocupacionales, así como el piso pegajoso, que las mantiene "adheridas" a las jerarquías más bajas. Las mujeres también se enfrentan a un escenario intermedio de escaleras rotas, es decir, comienzan a subir en la jerarquía de las ocupaciones, pero aún antes de llegar al techo de cristal se enfrentan con múltiples obstáculos que las hacen trastabillar. Esos obstáculos son las responsabilidades de cuidado en el marco de una OSC injusta, pero también los mecanismos de discriminación en la selección y promoción de personal, y las múltiples formas de acoso y violencia en los ámbitos laborales. 
Más allá de sus aportes centrales para pensar la cuestión del trabajo en el funcionamiento del sistema económico, la EF también realiza contribuciones al análisis del conjunto de las dimensiones económicas. Así, la EF permiten una lectura en clave feminista de los modelos de desarrollo económico, visibilizando que existe una división social sexual internacional del trabajo. Esto permite advertir que en algunos casos las estrategias de desarrollo se sustentan en el aprovechamiento de las desventajas relativas de las mujeres en tanto ventajas comparativas de los países, como en el caso frecuente de América Latina de las industrias manufactureras de exportación (las maquilas) (Giosa Zuazúa y Rodríguez Enríquez, 2010). 
También la EF ha producido análisis teórico y evidencia empírica que da cuenta de las dimensiones de género en las estrategias de liberalización comercial y financiera, demostrando los efectos de las mismas en la creación y destrucción de empleo de las mujeres, así como en la promoción de una carrera hacia la baja en los estándares laborales, fiscales y ambientales, que impacta especialmente en las mujeres, en tanto sobre-representadas en la precariedad laboral y actoras claves en las estrategias de sobre-vivencia en el territorio.
Las crisis económicas también han sido analizadas desde la EF. Las contribuciones desde esta mirada muestran que el trabajo de las mujeres funciona en ocasiones como amortiguador de los impactos de las crisis en el mercado laboral y en el deterioro de las condiciones materiales de vida de los hogares. Adicionalmente, desde la EF se señala que las políticas de ajuste o austeridad fiscal que suelen constituir la respuesta ortodoxa a las crisis económicas pueden tener un impacto más severo en las mujeres, en la medida que el Estado se retira de la provisión de servicios esenciales para la reproducción de la vida (cuidado de la salud, saneamiento urbano, políticas de sostenimiento del ingreso, políticas de transporte), y ese cuidado es asumido por los hogares y en ellos mayormente por las mujeres. 
En la misma línea, la EF también ha hecho contribuciones al estudio de la política fiscal y las estructuras tributarias, sus sesgos de género y sus impactos sobre las brechas de género. Además de los Presupuestos Sensibles al Género, que brindan herramientas para analizar, a nivel local y nacional, los presupuestos públicos y sus impactos en la vida de las mujeres y en las brechas de desigualdad, más recientemente, se van extendiendo los estudios que visibilizan los sesgos de género de las estructuras tributarias y las implicancias en la vida de las mujeres, su autonomía económica, y su acceso a los activos económicos, de las políticas de ingresos fiscales (incluyendo las adversas consecuencias para las mujeres y las brechas de género de los procesos de endeudamiento público). 
La cuestión de la deuda y del peso creciente del sistema financiero en el funcionamiento de la economía también ha sido estudiado por la EF, para dar cuenta del carácter extractivo de una dinámica que se inscribe en la vida y los cuerpos de las mujeres (Cavallero y Gago, 2019).
Finalmente, y asumiéndose como un programa político de transformación, ciertas miradas desde la EF vienen contribuyendo con nociones fundamentales en la creación de una agenda económica alternativa. Partiendo del reconocimiento que nuestras sociedades enfrentan un conflicto central irresoluble entre la lógica de acumulación del capital y la sostenibilidad de la vida, en breve el conflicto capital-vida (Pérez Orozco, 2014), propone la necesidad y urgencia de construir nuevos y diferentes pactos sociales con algunos principios básicos. En primer lugar, construir una economía al servicio de la vida, y no una economía que se sirve de la vida, a la que le extrae trabajo, tiempo, recursos naturales, datos y cuerpos, para nutrir el beneficio económico. Para dar este cambio hace falta descentrar a los mercados y poner en el centro la sostenibilidad de la vida, humana y no humana. En segundo lugar, reconocer, visibilizar, remunerar y redistribuir al conjunto de los trabajos que realizan las personas, compensando aquellos que resultan socialmente útiles y penalizando aquellos que ponen en riesgo la sostenibilidad de la vida. En tercer lugar, reconocer, fortalecer y valorar las múltiples formas diferentes de organizar la producción, el consumo y el financiamiento, apostando a aquellas experiencias ya existentes basadas en principios de reciprocidad, colaboración, propiedad colectiva, apoyo mutuo, buscando masificar las condiciones que las hacen posible (Larrañaga Sarriegi y Jubeto Ruiz, 2018; Quiroga Díaz y Gago, 2018). En cuarto lugar, avanzar en las transiciones necesarias (productivas, energéticas, de movilidad) que permitan superar el actual modelo extractivista y expoliador que ha llevado la contradicción con las bases materiales que sostienen la vida al límite (Herrero, 2018). En quinto lugar, desafiar las formas básicas de la distribución del valor económico producido colectivamente, desandando la lógica concentrandora del sistema actual que nos ha traído hasta formas extremadamente inaceptables de desigualdad. 
En definitiva, la EF es una apuesta por otra economía (Carrasco Bengoa, 2006), una que garantice las condiciones de posibilidad de todas las vidas que desean ser vividas, en su infinita diversidad.

Nota bibliográfica

Carrasco Bengoa, C. (2006). “La Economía Feminista: Una apuesta por otra economía”. En María Jesús Vara (ed), Estudios sobre género y economía. Madrid: Editorial Akal.
Cavallero, L. y Gago, V. (2019). Una lectura feminista de la deuda. Buenos Aires: Fundación Rosa Luxemburgo.
Esquivel, V. y Kaufman, A. (2017). Innovaciones en el cuidado. Nuevos conceptos, nuevos actores, nuevas políticas. Berlín: FES.
Ferber, M. y Nelson J. (eds.). (2003). Feminist economics today: beyond economic man. Chicago-Londres: The University of Chicago Press.
Giosa Zuazúa, N. y Rodríguez Enríquez, C. (2010). “Estrategias de desarrollo y equidad de género: una propuesta de abordaje y su aplicación al caso de las industrias manufactureras de exportación en México y Centroamérica”. Santiago: Cepal. Serie Mujer y Desarrollo 97.
Herrero, Y. (2018). “Economía ecológica y economía feminista: un diálogo necesario.” En C. Carrasco Bengoa y C. Díaz Corral (eds.), Economía Feminista. Desafíos, propuestas, alianzas. Buenos Aires: Madreselva.
Larrañaga Sarriegi, M. y Jubeto Ruiz Y. (2018). “Contribuciones de la economía feminista a la construcción de una economía solidaria”. En C. Carrasco Bengoa y C. Díaz Corral (eds.), Economía Feminista. Desafíos, propuestas, alianzas. Buenos Aires: Madreselva.
Pérez Orozco, A. (2014). Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. Madrid: Traficantes de sueños.
Quiroga Díaz, N. y Gago, V. (2018). “Una mirada feminisita de la economía urbana y los comunes en la reinvención de la ciudad”. En C. Carrasco Bengoa y C. Díaz Corral (eds.), Economía Feminista. Desafíos, propuestas, alianzas. Buenos Aires: Madreselva.
Rodríguez Enríquez, C. (2012). “La cuestión del cuidado ¿el eslabón perdido del análisis económico?”. Revista Cepal 106, 23-36.

mención de responsabilidad

CORINA RODRIGUEZ ENRIQUEZ

Vista gráfica de relaciones

02/10/2021

Fecha publicación

18/08/2026

Actualización

107

Términos

Cambios recientes

Ver cambios recientes