Nota de alcance
Educación no sexista
Se trata de la educación libre de los sentidos que limitan o censuran las identidades, las posibilidades y los deseos de las personas en relación con sus cuerpos sexuados. Hablar de «Educación no sexista» remite inevitablemente a la necesidad de definir qué se ha entendido y se entiende en la actualidad como «sexismo» en la educación. Y las formas de pensar al «sexismo» han ido variando en consonancia con las discusiones en el campo de los estudios de géneros y sexualidades.
Las primeras investigaciones desde la perspectiva de género, motorizadas políticamente por el movimiento social de mujeres, se enfocaron en los modos en que las instituciones educativas tendían a reproducir las significaciones hegemónicas de «lo femenino» y la posición subordinada de las mujeres como grupo. Los resultados centrales de esas primeras investigaciones mostraban que los «créditos» que brindan las titulaciones fueron centrales en el mejoramiento del lugar social de las mujeres, pero la experiencia escolar no ponía en discusión y, menos, modificaba la división sexual y la posición subordinada de las mujeres en el trabajo (extradoméstico y doméstico).
Posteriormente, y de manera complementaria, la expansión de las investigaciones sobre las significaciones hegemónicas de la masculinidad en la escuela subrayó cómo en las aulas se refuerzan los sentidos tradicionales de lo masculino, soslayando o condenando la existencia de masculinidades subordinadas y, básicamente, la homosexualidad. Las denuncias se centraron en los modos en que el arquetipo dominante de la virilidad alimenta una mística de la masculinidad caracterizada por el vigor y la fuerza, el control sobre el dolor físico y el ocultamiento de las emociones, el colocarse en riesgo, la tendencia a la competencia y a la conquista; en síntesis, una idea de cierta «superioridad» que haría inevitable a «la dominación masculina». Complementariamente, los estudios tienden también a indagar los modos de sufrimiento y, en ocasiones, resistencia de los varones que no se adecuan completamente al arquetipo viril.
Más recientemente, y a la luz de los desarrollos de la teoría queer, la investigación tiende a hacerse cargo de la complejidad multidimensional del discurso hegemónico escolar. Se incorpora entonces con fuerza la cuestión del cuerpo y, con él, las sexualidades desde la perspectiva de géneros. Esta perspectiva abandona la mirada binaria sobre «el sexismo» y coloca en foco la diversidad de experiencias e identidades presentes (o ausentes) en las aulas. También los feminismos populares han sostenido una denuncia sistemática del sexismo en la educación, poniendo el énfasis mayoritariamente en las cuestiones de la alfabetización y la experiencia de las mujeres indígenas y mayores en las escuelas y los modos sutiles en que, interseccionalmente, género, clase y etnia producen segregación y exclusión. En este sentido, su principal foco ha sido la denuncia de cómo el potencial liberador de la educación puede verse limitado por los modos en que se ejerce autoridad y se reconoce (o no) el poder epistemológico de la experiencia (biográfica, colectiva, histórica) y de las diferencias en el plano de la cotidianidad del ejercicio educativo.
Referentes empíricos del sexismo en la educación
El sexismo puede organizarse según algunas categorías clásicas de la pedagogía referidas al currículum (en tanto «aquello que se enseña»):
- Currículum explícito: La norma o «malla» curricular establecida en los planes de estudios, programas y planificaciones. Por décadas, y aun en la actualidad, el currículum formal evidenció sesgos discriminatorios por presencia o ausencia. Las investigaciones muestran la tendencia a la reproducción de significaciones hegemónicas: historia centrada en «héroes» militares o políticos, cánones literarios de varones, lenguaje sexista enseñado sin crítica, división por géneros en Educación Física y la omisión sistemática o inclusión «folclórica» de la experiencia de los pueblos indígenas.
En las disciplinas instrumentales, las áreas más valorizadas suelen ser connotadas como «lo masculino». El campo de la educación artística suele tener un bajo estatus curricular y presupuestario asociado a «lo femenino», aunque con divisiones internas: mientras en música hay más varones en instrumentos como batería o guitarra eléctrica, la danza aparece predominantemente como un arte «de mujeres».
En Biología y Educación para la Salud, predomina el modelo «biologicista». Esta perspectiva estudia la anatomía de la reproducción desgajada de las emociones o relaciones sociales. Al negar que las clasificaciones de «lo natural» subyacen categorías sociales, se clasifica como «anormales» a las configuraciones intersex y abyectas, así como a las elecciones de objeto sexual no funcionales a la reproducción (personas LGBT). Este enfoque se complementa con una perspectiva médica de prevención centrada en tres nudos: el cuerpo como algo que hay que «contener» para evitar embarazos o enfermedades; la prevención como cuestión de expertos (médicos o psicólogos) que actúan de forma técnica y despolitizada; y la prevención como cuestión exclusiva de mujeres heterosexuales.
- Currículum oculto: Aquello que se enseña mediante gestos, énfasis y supuestos no explicitados. Se detectan sesgos en las expectativas de rendimiento y comportamiento de lxs chicxs. Los cuerpos suelen estar invisibilizados por el sesgo racionalista, pero aparecen en estereotipos de género: el cuerpo «militarizado» en Educación Física (rendimiento, competencia y fuerza) frente al cuerpo «sentimentalizado» en Educación Artística (comunicación y mundo interior). Aquí los varones son discriminados; un compromiso elevado con la expresión corporal puede provocar sospechas sobre su orientación sexual, reforzando el ideal del varón como transgresor, valiente y poco sensible.
Investigaciones muestran que se motiva más a los chicos en ciencia y tecnología, se espera mayor honestidad de las mujeres mientras se asume que los hombres tienden a la corrupción, y se legitima que las mujeres son las únicas responsables del hogar. Además, se otorgan mayores tiempos de participación y exigencia intelectual a los hombres, promoviendo roles protagónicos para ellos y subordinados para las mujeres.
Gran parte del currículum oculto se tramita en el «trabajo docente», históricamente feminizado y precarizado, caracterizado por la subordinación intelectual y organizacional. La naturalización de la obligatoriedad escolar desde fines del siglo XIX exigió delegar en la escuela y en las maestras la autoridad moral y física sobre los hijos e hijas. El mandato fundacional implicaba que las docentes debían no solo enseñar, sino también «civilizar» hábitos y transmitir sentimientos de nacionalidad a las masas. Este mandato moralizador generó tensiones con las familias de sectores populares, bajo la convicción de que las madres criaban mal a sus hijos en términos de salud y moral.
- Currículum omitido o «nulo»: Los silencios sistemáticos, aquello de lo que «no se habla». La escuela construye la paradoja de orientar la sexualidad hacia el sentido hegemónico mientras prohíbe sus manifestaciones explícitas. El «currículum omitido» sigue siendo una deuda, enfrentada recientemente por la crudeza de fenómenos como las «madres niñas» o el incremento del VIH. La sexualidad debe ser tema escolar desde el nivel inicial para construir autonomía y autoestima, trabajando sobre las características del cuerpo, los modos de disfrutarlo y cuidarlo, los estereotipos de género, las diversidades sexuales y los derechos.
El Día Internacional de la Educación No Sexista, declarado el 21 de junio, propone una experiencia educativa orientada por los derechos humanos, donde todas las voces y experiencias tengan visibilidad y equivalencia, erradicando el racismo y la exclusión.