Léxico crítico de estudios de género y feminismos

Este léxico reúne conceptos que atañen a los estudios de género en un sentido amplio, es decir que contempla los paradigmas teóricos feministas, queer, cuir y transfeministas. Sabemos que el lenguaje nos hace sujetos mientras produce mundos, desde el feminismo se han develado sus matices sexistas, pero también el lenguaje es el que nos ha dado las herramientas para pensar otros mundos...

2021-10-02 Idioma: es 108 términos Borrador
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Prostitución

Notas
Nota de alcance

El término proviene del latín prostituere, que significa exhibir para la venta. 
A lo largo de la historia las experiencias de organización de la prostitución y la forma de legislar sobre la misma han sido diversas.
En Babilonia, la prostitución sagrada era realizada en el templo de Ishtar, donde las mujeres eran entregadas a los extranjeros que las eligiesen.
Los judíos permitían su ejercicio a las extranjeras, que alojaban en las rutas.
En Cartago, era ejercida en los templos que percibían la mitad de las ganancias.
En Egipto, originariamente estuvo ligada a la religión, luego se la separó. 
En Grecia, se adscribía al templo de Afrodita a las mujeres prostituídas, que eran en su mayoría extranjeras o esclavas compradas, que entregaban a los sacerdotes lo que ganaban. Solón creó los Dicterion, ubicados en barrios especiales, que pertenecían al estado, el que fijaba las tarifas de explotación. También estaban en otros rangos, las ¨pornai¨, las aleutridas y más alto las hetairas.
En Roma, las mujeres prostituidas debían registrarse en la policía y eran vigiladas por los censores y los ediles, que les cobraban impuestos.
En Constantinopla y demás puertos de Asia Menor, se compraban en mercados de esclavas y de prisioneras de guerra. En la Roma del siglo XV habitaban en casas pertenecientes a conventos e iglesias y salían acompañadas por sacerdotes, quienes reglamentaban el negocio.
En la Edad Media, en Francia, existían en la mayor parte de las ciudades los prostíbulos públicos, construidos, mantenidos y regenteados por las autoridades, además de las casas de tolerancia, los baños públicos, la prostitución artesanal, donde eran prostituidas dos o tres mujeres en casas puestas por un proxeneta.
En Tolosa y Nápoles, se legalizó, sosteniendo que, gracias a la prostitución, las mujeres decentes podían salir a la calle. Los beneficios se repartían entre la ciudad y la Universidad. En otras, los prostíbulos eran monopolio municipal.
En América, durante la colonia existían casas cerradas de prostitución, al igual que en España. Eran las llamadas ¨mancebías¨. En Argentina, los burdeles siguieron existiendo luego de la declaración de la independencia. Durante las campañas al “desierto”, por ejemplo se crearon los prostíbulos de campaña. A fines del siglo XIX se reglamentó la prostitución y como consecuencia se organizaron las grandes mafias que traían victimas de Europa, especialmente mujeres de Polonia y de Francia, además de la trata interna y de países vecinos.
La prostitución es una institución estructural del patriarcado y de su sistema de dominación sexual que históricamente consagra la desigualdad entre varones y mujeres. Es una práctica constitutiva de la política sexual patriarcal, que se ensambla con las formas actuales del capitalismo en las que el mercado abarca todos los aspectos de la vida y el cuerpo de las mujeres es la materia prima de un negocio que forma parte fundamental e la economía.
Los sistemas de dominación utilizan la violencia y la persuasión para controlar cuerpos y subjetividades y la prostitución es uno de estos mecanismos del patriarcado para la apropiación de los cuerpos y su puesta al servicio de los varones y de las instituciones.
La violencia que supone la pobreza estructural de las mujeres refuerza las desigualdades económicas, sociales y culturales de que dan cuenta los datos de Naciones Unidas, según los cuales realizamos las 2/3 partes de la jornada mundial de trabajo, percibimos el 10 % de las remuneraciones mundiales, somos propietarias del 1% de la propiedad mundial y el 70 % de las personas más pobres del mundo. Actualmente se considera que la pobreza asciende al 80% en el caso de las mujeres y que el total de pobres alcanza los 1.500 millones. Anualmente son incorporadas a la prostitución alrededor de 4.000.000 de mujeres y niñas. Estos datos dan cuenta del carácter femenino de la pobreza y muestran que la misma es un problema de género y de clase.
Las causas de la prostitución deben buscarse en el dominio sexual de los varones y la falta de poder de las mujeres en el patriarcado, en la desigualdad, en su lugar en los sistemas de opresión y explotación y en la construcción de una sexualidad masculina anclada en relaciones de poder. 
En cada situación concreta esto se traduce en carencias de medios emocionales, económicos, sociales, culturales y políticos, carencias que no pueden determinar opciones libres.
Esta institución no se la puede analizar en términos individuales, naturales, morales o voluntaristas, sino como una cuestión central de los pactos patriarcales, que genera violencia y daño. Por tanto no se puede considerar que las personas prostituidas eligen serlo. El prostituidor es el que ejerce sobre el cuerpo cosificado de las mujeres, reducidos a mercancía, los actos sexuales que van a vulnerarlos, afectando su integridad sexual, física y psíquica, expropiando su humanidad y causando daños, además del que le ocasionan los restantes integrantes del sistema.
Entre estos daños están el virus de inmuno deficiencia adquirida (VIH-SIDA) y las demás infecciones de transmisión sexual, los golpes y abusos de prostituidores, de proxenetas, de los policías, los embarazos no deseados, los abortos, las hepatitis , la ingesta de hormonas, el alcoholismo, la drogadicción inducida, los asesinatos, el daño generacional que produce sobre las hijas de mujeres prostituidas que llegan a su vez a serlo por efecto de la normalización en el ámbito familiar.Las investigaciones indican que la tasa de mortalidad de las mujeres y niñas prostituidas es 40 veces superior a la media, corren un riesgo 18 veces mayor de ser asesinadas que las demás mujeres, el 71 % ha sido objeto de agresión física mientras eran prostituidas, el 68% sufrió los síntomas de estrés post traumático y la tasa de suicidios es mas alta. (Ekman 2015) Las enfermedades de transmisión sexual y el desgaste que provocan hacen que el stock de mujeres prostituidas se tenga que renovar continuamente. Estos daños dejan secuelas aún después que las personas hayan podido dejar la prostitución.
Desde una perspectiva feminista, que tenga en cuenta estas desigualdades, podemos definir a la prostitución como una relación de dominación, subordinación y explotación de las mujeres, de manera individual y colectiva, por parte del colectivo de los varones y que tiene por fin legitimar la violencia contra las mujeres y demás personas prostituidas y perpetuar las desigualdades de género, clase y etnias, racializando esta explotación.
Por su parte el acto de prostitución es aquel que tiene lugar cuando una persona llamada prostituidor o putero, compra o alquila por un precio en dinero o en especie, el cuerpo de otra persona, generalmente una mujer o una niña, para usarlo sexualmente, imponiéndole su sexualidad debido a su mayor poder económico, político y sexual. 
En esta relación intervienen por una parte los prostituidores: proxenetas, prostituidores o puteros, rufianes, tratantes y todos los que lucran y apoyan de alguna manera el sistema prostituidor y por la otra las mujeres, niñas/os y demás personas prostituidas. Los prostituidores, que pertenecen a todas las clases sociales, son responsables del sistema prostitucional, dado que proveen el dinero para que el sistema se organice.
Para analizar en el contexto actual la prostitución hay conceptos a tener en cuenta, a saber: la prostitución es violencia y por tanto no puede ser considerada trabajo, y se relaciona con la opresión patriarcal (ver Patriarcado); la ideología neoliberal conservadora busca desarticular a las sociedades individualizando los problemas y haciendo creer que son personales, cuestiones de libre elección separándolos de las estructuras sociales, económicas y políticas que los generan y tratando de cambiar el significado de los conceptos. La prostitución no es una cuestión personal, individual de una mujer o de un grupo de mujeres y demás personas prostituidas que un día deciden serlo. Es un problema social, una forma de violencia naturalizada, en la que intervienen intereses sexuales, económicos y políticos; debiéndose examinar también el papel de todos los intervinientes: los puteros, prostituidores o “clientes”, los lobbys de proxenetas, la inserción del proxenetismo en los distintos estamentos del estado, de los medios de comunicación, de los movimientos sociales, de las universidades; la llamada industria sexual, el aumento exponencial de la demanda y de prostíbulos, las redes mafiosas organizadas como empresas, el dinero que lavan, las remesas que las mujeres prostituidas envían a sus lugares de origen para mantener a sus familias y cubrir las necesidades que los estados neoliberales han dejado de cumplir y el carácter organizado que reviste siempre la la prostitución la cual es una institución dentro del sistema patriarcal. En todo este entramado se debe considerar además la pedofilización de la prostitución, dado que los puteros piden adolescentes y niñas cada vez más pequeñas, así como las nuevas formas de captación a través de la naturalización de estas violencias mediante su propaganda en escuelas y universidades, realizada por quienes las defienden y publicitan.
El abordaje de esta problemática se hace desde distintas concepciones jurídicas, sociales, ideológicas y políticas y desde allí se la define como violencia o bien como un contrato como cualquier otro, celebrado con los requisitos de discernimiento intención y libertad. Esto último presupone igualdad entre las partes, entre la persona prostituida y el prostituidor, que puede comprarla y usarla como un medio para sus fines e intereses sexuales que no son los de la persona prostituida, la cual deja de ser sujeto para transformarse en el objeto de una transacción desigual, en la que no hay reciprocidad entre las prestaciones. No son las dos partes las que ponen en juego su integridad sexual, física y psíquica, su cuerpo, como totalidad para su uso a cambio de dinero. Es solo una de ellas. La otra pone dinero. En la prostitución se violan los derechos humanos de las personas prostituidas, los derechos a la igualdad, a la dignidad humana, a la libertad, bienes sociales jurídicamente protegidos, de los que ellas no pueden disponer porque, como parte de los derechos humanos, no son disponibles ni renunciables, por ello ni se puede alegar el consentimiento de las personas prostituidas ni puede la prostitución ser considerada trabajo. De la misma manera que una persona no podría consentir ser esclavo porque se violan sus derechos humanos y tal decisión es inaceptable en sociedades democráticas e igualitarias.
No podemos perder de vista que estamos en una etapa de reorganización de los viejos pactos patriarcales y que uno de ellos es el de prostitución y sus interrelaciones con el capitalismo neoliberal. Se introducen así cambios en los conceptos, para dar a los contenidos liberadores del feminismo un contenido opresivo, subordinado al mercado. Por eso el debate en torno a estos conceptos no es puramente teórico, es esencialmente político porque se está disputando si la prostitución es parte del continuo de violencia contra las mujeres o es un trabajo como cualquier otro, con las consecuencias descriptas.
Considerar a la prostitución trabajo desvía el análisis de los problemas sociales, ideológicos y políticos que genera la desigualdad.
El trabajo es en general una necesidad social. El trabajo domestico y el de cuidados por ejemplo son socialmente necesarios porque permiten la reproducción de la vida y benefician a todos los seres humanos; la prostitución ¿es socialmente necesaria? ¿A quienes beneficia su existencia? ¿Beneficia al colectivo de las mujeres que algunas deban permitir el acceso a sus cuerpos por parte de varios hombres al día? Es como si preguntáramos si la violencia contra nosotras en el interior de nuestras casas nos beneficia personal y colectivamente.
Por eso es importante determinar qué conductas van a resultar aceptadas y valoradas y cuáles rechazadas, quiénes son las victimas y quiénes los responsables, a quiénes hay que sancionar y si se va a seguir legitimando a los prostituidores, cuáles son los criterios de igualdad que la sociedad adopta. Se trata del derecho a la integridad de los cuerpos, a que no sean mercantilizados o transformados en partes o agujeros, de los derechos a nuestra libertad, a nuestra sexualidad, a una vida libre de violencia y a la construcción de un proyecto de vida propio.
La intencional identificación de la prostitución con las mujeres prostituidas a lo largo de la historia ha invisibilizado a los verdaderos responsables de ésta: los prostituidores y los proxenetas. Es parte de la construcción y naturalización de la desigualdad entre hombres y mujeres y de la ubicación de esta institución en el ámbito de lo privado, no de lo público. La argumentación desde lo privado trata de ubicarla como una acción individual de algunas mujeres y personas prostituidas cuando en realidad es una institución que consagra el derecho sexual masculino a acceder a ellas determinando que un grupo de mujeres deba estar al servicio de los varones. Es una cuestión de poder, por tanto es política. 
La operación de considerarla una acción privada pretende justificarla como una acción individual.
La prostitución es una institución patriarcal, parte fundamental del sistema de dominación de los varones sobre las mujeres, construida a lo largo de los siglos y su función es contribuir a establecer, consolidar y mantener esta dominación, ocultando todos los entramados que la sostienen para negar su carácter político. Pero también significa que se la puede abolir, que se pueden construir otras formas de sociedades que tengan como presupuestos la igualdad, la dignidad y la libertad de todas las personas.

Nota bibliográfica

Prostitución: Cuando digo prostituta digo mujer - Atem 25 de noviembre. Folleto, 1991
K. Barry (1979) La esclavitud Sexual de la Mujer, Barcelona, Ediciones La Sal. 
M Fontenla -Prostitución, Trata y trafico de Mujeres, las dos caras de un mismo fenómeno- Revista Feminista Brujas , N° 32 Noviembre de 2006. Publicación de “Atem 25 de noviembre
C. Pateman (1998): El contrato sexual- Madrid. Anthropos.
R. Poulin: -Vamos hacia una pedofilización de la trata” https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-126224-2009-06-07.html

mención de responsabilidad

MARTA FONTENLA

Vista gráfica de relaciones

02/10/2021

Fecha publicación

14/09/2026

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