Nota de alcance
El concepto, con un sentido crítico y transformador, surgió en el seno del movimiento feminista de la llamada segunda ola, hacia las décadas de 1970 y 1980. En esa etapa, las feministas lesbianas nombraron el amor entre mujeres como una relación política y social y no una mera “preferencia sexual”. Charlotte Bunch, en la década de 1970, definió esta problemática como una cuestión política, ya que las relaciones entre hombres y mujeres implican poder y dominio. Entiende que el sistema político se basa en la primera forma de división del trabajo, que es aquella en razón del sexo, la cual impone la sexualidad reproductiva y diferencia trabajos en forma sexuada.
El periódico lesbiano feminista Las Furias, fundado en 1971, introdujo la formulación de la heterosexualidad como institución. Pero es Adrienne Rich quien desarrolla en profundidad el concepto de la heterosexualidad femenina obligatoria como una institución que asegura el derecho masculino al acceso físico, económico y emocional de las mujeres, invisibilizando y ahogando las formas de resistencia de estas y la posibilidad lesbiana. Rich señala que el supuesto de que “la mayoría de las mujeres son heterosexuales por naturaleza es un muro teórico y político que bloquea al feminismo” y solo es sostenible en parte porque la existencia lesbiana ha sido borrada de la historia o considerada como enfermedad o como una excepción. Afirma que la heterosexualidad puede no ser una “preferencia”, sino algo que ha tenido que ser impuesto, organizado y mantenido por la fuerza y que no nos enfrentamos a una simple preservación de la desigualdad y de la posesión de propiedades, sino con un agrupamiento de fuerzas que actúan por doquier y que van de la brutalidad física al control de las conciencias, lo cual indica que se está teniendo que reprimir un enorme contrapeso en potencia.
El concepto de heterosexualidad obligatoria ha sido uno de los aportes más importantes de la teoría feminista lesbiana a la teoría de la opresión y liberación de las mujeres. Rich aboga por una verdadera sororidad feminista, claramente política, de todas las mujeres, en la lucha por la liberación. En esta misma línea, Janice Raymond habla de “heterorrealidad”, considerando como tal aquella visión del mundo que percibe que la mujer existe siempre y solo en relación con el hombre, percibiendo consistentemente a las mujeres juntas como “mujeres solas”. La heterorrealidad se sustenta en las heterorrelaciones, que expresan la amplia gama de relaciones afectivas, sociales, políticas y económicas establecidas entre hombres y mujeres, y define para la mayoría de las mujeres los contenidos de la “realidad real”.
Por su parte, Monique Wittig, inscripta en el feminismo materialista francés, se refiere al pensamiento heterosexual (straight mind) como aquellos discursos que no son capaces “de imaginar una cultura en la que la heterosexualidad no ordene no solo todas las relaciones humanas, sino también la producción misma de conceptos y todos los procesos que eluden la conciencia”. Considera a la heterosexualidad un régimen político basado en la apropiación y sumisión de las mujeres. La opresión es la que crea el sexo, una categoría política que funda la sociedad como heterosexual. El contrato social es un contrato heterosexual. Para esta autora, mujeres y hombres constituyen dos clases contrapuestas y la opresión se resuelve en términos de lucha de clases, cuyo objetivo es obtener la destrucción política, filosófica y simbólica de las categorías de hombres y mujeres.
Nota bibliográfica
Bunch, C. y Morton, N. (eds.) (1975). Lesbianism and the Women’s Movement. Oakland, Diana Press.
Rich, A. (1999). “La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana”. En Navarro, M. y Stimpson, C. R. (comps.), Sexualidad, género y roles sexuales. Ciudad de México, FCE.
Wittig, M. (1980). “The Straight Mind”. Feminist Issues, 1(1).